Cuando el calor del trópico es cada vez más intenso y el temperamento de los nacidos en Cuba sorprende en su vocación apasionada, la batalla cultural, ideológica y simbólica es hoy un tema que debe ganarse con identidad nacional.
Por ello es indispensable fortalecer el trabajo formativo comunitario como aliciente para la vida espiritual en la sociedad, tal y como expresara recientemente en La Habana Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
La certidumbre de esta lucha no por conocida deja de ser cada vez más ardua e importante, pues requiere de mucha unidad, inteligencia y amor para aplicarla en el devenir de la familia cubana, inmersa hoy en una etapa de transformaciones sociales y económicas que deben estar arraigadas en la fidelidad, el respeto y honradez de acciones que perpetúen la Revolución.
Como en otras tantas ocasiones, el Gobierno insiste hoy en la educación y formación de niños y jóvenes, a lo que deben unirse especialmente el sector intelectual y creador de la isla caribeña para potenciar iniciativas que contribuyan a establecer tendencias educativas hacia la cívica, ética y de resistencia a los modelos de consumo nocivos importados.
Próximo al período vacacional de verano, es preciso identificar las palabras de Díaz-Canel durante la tercera reunión del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), cuando censuró algunas de las iniciativas incoherentes, banales y frívolas, mientras resulta preocupante el uso inadecuado de los símbolos patrios en prendas de vestir, vehículos y artículos artesanales.
Tanto el respeto a las representaciones de la identidad nacional como a las mejores tradiciones de una cultura e historia heredada, requiere de una sabiduría aplicada a cada momento, en la cual influirá el trabajo actual en un proyecto de ley para fortalecer los valores e identidad defendidos.
Hace falta más discernimiento, prudencia e integridad para no evadir la responsabilidad ciudadana de saber cómo y cuándo actuar a favor de las expresiones auténticas del arte que influyen en la moda y modos de hacer de los cubanos, como prioridad en la defensa cotidiana por la ideología y cultura nacional.


