Cambios para la vida espiritual y material de los cubanos

banco-economiaTras la expectativa de la aprobación de nuevas disposiciones legales durante el año recién concluido, la población cubana reflexiona sobre el cuándo y cómo deberá actuar para evitar errores en la cotidianidad de una sociedad que aspira a niveles superiores de desarrollo socioeconómico y sustentable.

Como país sometido al rigor de tiempos peligrosos, debido al deterioro de la economía mundial, que en lo físico genera crisis financiera, energética, alimentaria y ambiental, Cuba también intenta salir a flote y dar al traste con las carencias que la afectan, pues pertenece al grupo de las naciones de menos desarrollo industrial.

Aunque desde enero de 1959 la pequeña isla de unos 11,2 millones de habitantes, es reconocida internacionalmente por las medidas del gobierno revolucionario, eminentemente populares y socialistas, no pueden obviarse los vaivenes de esta economía, dependiente de las relaciones externas y agredida por Estados Unidos, mediante el bloqueo económico, comercial y financiero.

Sin embargo, cada cambio implica la adaptación psicológica de los individuos a las circunstancias. Por novedosas, no dejan de ser incomprendidas muchas de las leyes establecidas, aunque el objetivo sea lograr el equilibrio de un proceso socio-económico que eleve el nivel de vida, con el propósito “de cada cual  según su capacidad  a cada cual según su trabajo”, como principio de distribución socialista.

Determinadas tendencias facilistas deberán quedar al margen, pues el camino al desarrollo es largo, de esfuerzo y perseverancia si se quiere llegar apto para clasificar no solo en la tenencia de mayor salario, sino también en los valores de una vida espiritual enriquecedora, en la que el hogar, la familia, el trabajo y el respeto ciudadano, propician el desarrollo armónico de las naciones.

Por ello, el comienzo del año 2014 y de la implementación de las nuevas políticas aprobadas por el Consejo de Ministros de la República de Cuba, aún genera comentarios un tanto irónicos y otros con mayor sabiduría que, en definitiva, coinciden en la necesidad de tomar decisiones más firmes en cuanto al camino que deberá seguirse para alcanzar propósitos de bienestar.

Tanto en el plano individual como en el colectivo, el cumplimiento de la ley también requiere conocimiento y obediencia a las autoridades competentes, para lo cual es oportuno reflexionar sobre cambios en el pensamiento y en la manera de actuar, despojados de sentimientos egoístas y de la avaricia que corrompe las buenas costumbres.

Cierto es que el alcance espiritual de lo anterior, solo se alcanza mediante una labor sistemática de enseñanza de valores y de exigencia para favorecer el cumplimiento adecuado de lo legislado, siempre que se asuma el análisis real de las necesidades prioritarias de la familia promedio y su nivel adquisitivo.

Pero también es de humanos aspirar a una vida mejor, de acuerdo al esfuerzo que durante años habla de vidas útiles y de cara a los deberes y derechos ciudadanos, que en la actualidad  todavía no se corresponde con los salarios y las posibilidades de un mercado heterogéneo y de precios altos, a la vista del más ignorante.

La aprobación de nuevas facilidades de créditos bancarios para financiar trabajos por cuenta propia o para comprar electrodomésticos, y la entrada en vigor de las regulaciones para la venta minorista de vehículos, resulta un tanto provocador al debate, si todos pretenden llegar antes de que se produzca el saneamiento de la economía y de tendencias que en los últimos años han invertido la pirámide social en la isla.

No obstante, vale la pena aclarar que de nada sirve el consumismo si no se asume un análisis sensato del nivel de prioridades para cada familia y de saber qué fin se le dará a las finanzas, a cada artículo o comodidad, en dependencia de las dificultades que rigen estos tiempos.

La política de mejorar la remuneración por el trabajo en sectores claves como el de la educación, salud, construcción y el sector agroalimentario, favorece la visión de exigir más para cumplir con la calidad y el rigor indispensable al valorar los resultados productivos y de servicios.

Ese puede ser el preámbulo para adoptar nuevas regulaciones en otras ramas de la economía, el trabajo social e ideológico, con el correspondiente aumento salarial que favorezca los cambios en la política de precios y la competitividad, según la ley de la demanda y la oferta, tan importantes para el progreso.

Un llamado de atención nunca está demás, porque las facilidades otorgadas por el gobierno pueden convertirse en un pretexto para el despiadado afán de lucrar, muchas veces a base del sacrificio de quienes desde muy temprano sirven a la sociedad y reciben un salario mensual que apenas alcanza, debido al aumento desmedido de los precios en los productos y servicios.

Sin duda alguna, Cuba debe apostar por la continuidad de una estrategia de cambios, que en esencia genere una mejor vida espiritual y material.

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