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Algunas personas lo aseguran y parece que no están equivocadas: vivimos en la “era de la telefonía móvil”. El innovador aparato ha llegado a cada rincón del mundo y en los últimos años su uso se ha extendido en la población cubana.
El éxito de los dispositivos se debe a las múltiples aplicaciones y servicios que ofrecen. “El mío no es tan moderno, pero con él puedo ver fotos, videos, escuchar música y además me sirve de agenda”, comenta Glendys, adolescente de 15 años.
Ella siempre lleva el celular consigo. El dispositivo tecnológico le permite optimizar tiempo, mantener comunicación con familiares y amistades, e incluso, le sirve de apoyo para el estudio.
Sin duda, es una “nativa digital”, como se le conoce a la generación que desde la infancia se relacionan con las Nuevas Tecnologías de la Informática y las Telecomunicaciones, conocidas como TICs.
Quizás por eso desarrolló fácilmente habilidades para manipular el celular, pero al mismo tiempo ha creado cierta dependencia. “No lo suelto durante el día”, recalca mientras lo coloca en el escote de la blusa.
Peligrosa cercanía
Como Glendy, otras jóvenes también ponen el móvil en los bolsillos del pantalón, mientras los muchachos suelen situarlos a un costado de la cadera. En la mayoría de los casos desconocen los daños que esa práctica puede ocasionar a la salud.
Independientemente del lugar donde se ubique, no es recomendable llevarlo cerca del cuerpo, pues te expones al efecto de las ondas electromagnéticas.
Las radiaciones emitidas por el teléfono móvil afecta a todas las personas –sin importar la edad–, pero los resultados son más evidentes en adolescentes y jóvenes, quienes pasan más tiempo con los aparatos cerca de zonas sensibles del organismo.
Datos revelados por usuarios en las redes sociales sugieren que algunas personas pasan 15 horas diarias “pegados” al celular, lo que después habría que multiplicar por días, meses y años.
Al respecto, una investigación publicada en los Cuadernos Sociales de la Universidad de Chile, señala que en el último lustro han aumentado los trastornos de la percepción fonética y se ha reducido la eficiencia en el trabajo, la capacidad de atención y memoria lógica, además de aumentar los niveles de fatiga.
El informe resalta, además, que las ondas electromagnéticas pueden acelerar levemente algunas enfermedades como la leucemia infantil, el cáncer cerebral en los adultos, el aborto espontáneo y la esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad de Lou Gehring), entre otros padecimientos.
La cuestión no es promover la no utilización de los celulares, ni saturar los medios de comunicación con información negativa sobre esos dispositivos electrónicos, tendencia empleada en varias campañas internacionales.
La cuestión es sencilla. Solo debes poner cada cosa en su sitio. Usa los forros destinados para móviles y colocarlos en el bolso o la mochila. Así de simple, y dejarás a un lado los “celulares de bolsillo”.
