
Numerosas investigaciones científicas corroboran la inteligencia sensorial y comportamiento de los delfines, de amplio beneficio para el entretenimiento y terapia médica de las personas. Foto: www.cancunalltours.com
La comercialización en Cuba de tarjetas telefónicas con la imagen de delfines, acentúa el interés de los amantes del reino subacuático y la defensa del medio ambiente.
Así lo corrobora la estrategia de mercadotécnica de la Empresa de las Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) que puso a disposición de la ciudadanía las 30 mil primeras tarjetas telefónicas por un valor de 20 dólares cada una, emitidas en el año 2000 y agotadas en breve, por su utilitaria belleza.
Según un sondeo promocional de aceptación pública, la oferta de la gerencia comercial cubana supera la expectativa tecnológica y práctica, porque muestra la capacidad creadora de accesorios con valor agregado de importante impacto en la conciencia humana, para cuidar la riqueza de los océanos, en especial la de estos cetáceos.
Entre los coleccionistas, el segundo intento de mercadeo fue aprobado con satisfacción debido a la instantánea de un delfín cubano, reproducida en 75 mil tarjetas magnéticas por un valor nominal de cinco pesos; más tarde, una pareja de los inteligentes mamíferos acuáticos acaparó nuevamente la atención de la telefonía nacional por sólo 10 pesos.
Oportuna sugerencia, pues aunque parezca paradójico, no siempre es equilibrada la admiración y estrecha relación entre las personas y estos animales, pues la negligencia asegura la contaminación de los mares, mediante los contaminantes industriales, la pesca indiscriminada con redes y las hélices de las embarcaciones que provocan la muerte de la curiosa especie.
Bueno es saber que numerosas investigaciones científicas corroboran la inteligencia sensorial y comportamiento de los delfines, de amplio beneficio para el entretenimiento y terapia médica de las personas, pero ¡cuán importante también es, protegerlos de la pesca furtiva! y contribuir así, a prolongar su vida.
Siempre vale la pena apreciar el esfuerzo de todos aquellos que desde su percepción humanística, disponen su tiempo y recursos, en función de comunicar acerca del equilibrio que debe existir entre la ciencia y la tecnología, a favor de la naturaleza.

