Conrado Benítez, el alfabetizador, se multiplicó

Foto: Archivo Radio COCO

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La Campaña Nacional de Alfabetización de 1961 constituyó uno de los acontecimientos culturales más importantes de la Revolución cubana. A los jóvenes que participaron en la epopeya se les denominó alfabetizadores Conrado Benítez, en homenaje al maestro voluntario que abrazó el magisterio desde muy joven.

Asesinado a sangre fría por su condición de maestro y alfabetizador, a manos de la banda contrarrevolucionaria de Osvaldo Ramírez en la zona del macizo de Escambray el 5 de enero de 1961, devino símbolo para la juventud cubana.

El 28 de enero de 1961, el máximo líder de la Revolución, Fidel Castro, convocó a la histórica Campaña Nacional de Alfabetización. En esa ocasión dijo: “Ese maestro, después de muerto, seguirá siendo maestro. ¡El pueblo nunca lo olvidará!”

En su honor, los grupos de alfabetizadores recibieron el nombre de Brigadas Conrado Benítez, y en su memoria se escribieron canciones; con la firma del músico y compositor Eduardo Saborit fue compuesto el himno que comenzaba: “Somos las brigadas Conrado Benítez, somos la vanguardia de la Revolución (…)”.

Cantando su himno, los brigadistas llevaron la luz del saber a los rincones más remotos de la Isla. En un coro de más de 100 mil voces entraron en La Habana, bajo la bandera con una franja central que decía: “Cuba, territorio libre de analfabetismo”.

Según recordaba el Indio Naborí “en el anfiteatro de Varadero, el Día de las Madres de ese propio año, cuando el Comandante en Jefe despidió a un grupo de ellos, se cantó por primera vez en público”.

De origen humilde, desde edades tempranas Conrado mostró interés por los estudios, sin embargo, se vio obligado a trabajar desde segundo grado. Al aprobar el sexto, matriculó la enseñanza primaria superior. Durante el día laboraba como panadero para contribuir al sustento de la familia y estudiaba de noche con el objetivo de encontrar un futuro mejor.

Aquellos que conocieron a Conrado Benítez lo recuerdan como un joven respetuoso y callado. Nació en la provincia de Matanzas el 19 de febrero de 1942. Tenía al morir solo 19 años.

Se incorporó en 1960 al primer destacamento de maestros voluntarios en la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, que impartirían clases en las montañas. En una ocasión señaló que permanecería dando clases en la Sierra Maestra el tiempo que fuera necesario.

En ese lugar el futuro maestro conoció a quien sería su novia, Nancy Inerarity, pero no dijo nada de sus sentimientos ya que quería materializarlo cuando se graduaran.

Al terminar los estudios dio clases en la escuela situada en la finca San Ambrosio en las montañas de Sancti Spíritus, donde alternaba la atención a 44 niños por el día con otros tantos adultos por las noches.

Benítez y la maestra Magalys Olmos López fueron los primeros en ser ubicados en el Escambray,  específicamente en una intrincada zona de Trinidad, en la región montañosa del centro del país.

Ella fue la última alfabetizadora que viera con vida al joven. Era un lugar muy aislado, donde operaban las guerrillas contrarrevolucionarias de Julio Emilio Carretero y Osvaldo Ramírez.

A Magalys la situaron en Ciego Ponciano; a él, en Sierra Reunión, donde fue el primer maestro de esa área. Allí construyó su escuela en un aserrío y ayudó a su compañera a levantar la suya.

El 4 de enero de 1961 llegaron a la casa del campesino Felo González, luego de que otro de la zona les advirtiera que debían detenerse, porque se conocía de la presencia de contrarrevolucionarios en las cercanías.

 Magalys Olmos le pidió a Felo que los dejara pasar la noche en su morada y él aceptó; Conrado Benítez decidió continuar la marcha.

En la noche ―a solo seis días de iniciada la Campaña ―, en la aldea Tinajitas (o Las Tinajas), ubicada en el municipio de Trinidad, en la provincia de Las Villas (actual provincia de Sancti Spíritus), la banda contrarrevolucionaria de Osvaldo Ramírez García lo secuestró y lo trasladó a su campamento.

En este lugar se encontraba también el miliciano Eleodoro Rodríguez Linares (Erineo). Los dos fueron encerrados en una jaula y fueron objeto de innumerables vejámenes.

Después del mediodía del 5 de enero se ensañaron en el joven maestro. Lo martirizaron golpeándolo en el rostro con piedras y puños, y dándole puntazos con un cuchillo o una bayoneta. Agonizante, le pusieron un lazo en el cuello y lo ahorcaron.

En el lugar del suceso se levantó un obelisco en honor a los asesinados, y la brigada de alfabetizadores creada el 17 de enero de 1961 por la Revolución cubana adoptó su nombre. De esa manera Conrado Benítez, el alfabetizador, se multiplicó.

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