Atentos a las variaciones climáticas que afectan al mundo, los cubanos continúan preparándose para enfrentar la sequía y aprovechar al máximo el agua como recurso de vital importancia para la vida doméstica y la economía del país.
No basta con informar sobre la tendencia actual de sequía severa y prolongada en el archipiélago antillano, confirmada por su significativo incremento en su frecuencia y magnitud desde la década del 60 del pasado siglo, es necesario además estar cada vez más conscientes de la escasez y de lo que pudiera suceder en caso de agotarse la reserva acuífera que sustenta a la sociedad.
Una vez más el llamado al entendimiento humano implica reconocer las dificultades, colaborar sin afán de lucro ni egoísta y unirse en la batalla razonable de cuidar sin acaparamientos inútiles, planificar y equilibrar el consumo privado y estatal con la visión atenta de adecuarse a una cultura de uso que responda no sólo a los requerimientos actuales sino también a los venideros.
En ocasiones el desánimo llega a los hogares cuando se avisa sobre el corte provisional del líquido elemental para mantener la higiene, salud y bienestar de la familia; es cuando desde cada individualidad se reconoce la importancia del agua, pero lejos de comprender cómo se debe aprovechar sin excesos y de acuerdo a las circunstancias que globalmente afectan a la población de Cuba y del mundo.
Reiniciado el servicio no se tiene en cuenta el esfuerzo casi anónimo realizado por quienes rehabilitan las redes de los sistemas de acueducto, mejoran las conductoras y el estado de los herrajes, rehabilitan según lo planificado por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y planifican la distribución del líquido, porque la tendencia humanista continua inclinándose hacia el despilfarro en el sector residencial y estatal.
Entonces convivir en el presente y en la esperanza de un futuro mejor, requiere un cambio de mentalidad y de acción unida en la búsqueda de alternativas sustentables, uso racional del recurso natural, cuidado sistemático de la higiene personal y del medio ambiente pero con el máximo aprovechamiento de lo que se tiene, convencidos del imprescindible regalo natural que es el agua.
Escudarse en los problemas sin aprovechar la inteligencia, conlleva a la apatía y al poco esfuerzo, que se contradice con el deseo de vivir en la prosperidad para lo cual es indispensable el trabajo, organización, perseverancia y optimismo para triunfar hasta en los momentos de mayor escasez.
A la par de los programas gubernamentales e inversiones de largo alcance, no pasemos por alto el compromiso ciudadano de una acción responsable dentro de la sociedad, para evitar el peso de la ley y sobre todo, reaccionar ante un imperativo de impostergable necesidad humana. Conscientes de la escasez ¡cuidemos del agua!


