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Apellidos hay muchos y muy variados en todos los países que utilizan esos elementos para identificar a las personas y sus orígenes pueden ser curiosos o misteriosos en algunos casos.
En los albores de la civilización, cuando en una región determinada no vivían muchas personas, bastaría con el nombre para identificar a cada cual, pero cuando la población comenzó a multiplicarse y surgió la emigración se darían casos de dos personas con igual nombre y ahí las cosas comenzarían a complicarse.
Para evitar confusiones se recurrió a diferentes métodos, como acompañar el nombre con su lugar de procedencia; entonces, si a una ciudad ubicada en una colina llegaba un individuo llamado Juan, procedente de una zona baja, y se encontraba a otro de igual nombre comenzaría a identificarse como Juan del valle, por ejemplo. De ahí surgiría el apellido Del Valle.
Ahora imagínese que el señor feudal necesitara poner herraduras nuevas a su caballo y le ordenara a uno de sus sirvientes: “Ve a buscar a Pedro”, “¿A cuál mi señor, hay tres?”, “¡Al herrero!”, “¡Ah, haberlo dicho!”. Además de ganarse algunos azotes por su insolencia, el sirviente ya sabría a quien tenía que buscar y el artesano dedicado a moldear el metal, para evitarle nuevos problemas, adoptaría el nombre de su oficio como componente adicional de su nombre; entonces comenzaría a hacerse llamar Pedro el herrero.
El otro Pedro, el agricultor, lo imitaría y sumaría a su apelativo las palabras «del campo» y de ahí se derivaría el apellido Campos; mientras que el tercer Pedro, el zapatero, tomaría esa palabra para secundar su nombre.
Otros apellidos son patronímicos, es decir que se derivan del nombre del padre como una forma de identificar a la familia de la que procede. Esa costumbre era común entre griegos y romanos, así el hijo de Gonzalo pasaría a adoptar González como apellido.
Algunos países tienen costumbres curiosas con respecto a los apellidos, en ciertos casos los anteponen al nombre y en otros, como los rusos, cambian de género cuando una pareja contrae matrimonio, así sucede que la esposa de Vasiliev pasará a apellidarse Vasilieva.
La derivación de oficios en apellidos no es exclusiva del idioma español, en inglés abundan, como los casos de Shoemaker (zapatero), Smith (forjador), Shepherd (pastor), Stone (roca), Fisher (pescador) o Gardener (jardinero), por solo citar algunos, mientras que otros definen cualidades, como Goodman (buen hombre), Red (rojo), White (blanco), Gray (gris) y Green (verde).
Del anglosajón vienen también otras palabras usadas como apellidos como Grass (césped), Waterland (país del agua) y Waterman, lo que se traduciría como hombre del agua.
En eso de los colores igualmente abundan los apellidos en español, no son escasos quienes se apellidan Blanco aunque no faltan los Rojo, los Verde y hasta los Marrón.
Apellidos que son palabras de uso común abundan en los países hispanoparlantes, solamente de la guía telefónica de La Habana hemos extraído algunos que se repiten en numerosas personas, hay muchos más que el acucioso lector encontrará si dedica un rato de ocio a hojear ese directorio, pero ahora le presentamos una muestra.
Animales: Águila, Cordero, Corzo (especie de ciervo), Falcón (halcón), Gallo, Gato y León;
Arquitectura: Alcázar, Aldaba, Calzada, Casas, Castillo, De la Torre, Fuentes, Iglesias, Paredes, Pozos, Torres y Villa;
Cualidades: Aguado, Alegre, Amable, Amador, Bello, Bueno, Capaz, Caro, Claro, Cortés, Delgado, Franco, Galán, Grave, Hurtado, Manso, Moreno, Nueva, Prieto, Pulido, Redondo, Regalado, Rico, Rubio, Segura, Silvestre, Valiente y Veloz;
Gentilicios: Alemán, Aragonés, Bretón, Castellano y Gallegos;
Ocupaciones: Cabrero y Cabrera, Cantero, Guerrero, Montero, Piloto, Tejedor y Vaquero;
Geográficos o astronómicos: Alba, Arroyo, Barros, Barroso, Hoyos, Luna, Nieves, Otero, Peña, Ríos, Rivera, Roca, Serrano, Sierra, Trillo y Vegas;
Vegetales: De la Rosa, Flores, Manzano, Mora, Naranjo, Oliva, Olmedo, Olmo, Pino, Ramos, Romero, Rosas y Viñas;
Objetos: Ariete, Armas, Capote, De Armas, Correa, Cruz, Lazo, Lima, Mantilla y Mesa;
Acontecimientos: De Nacimiento, Feria, Guerra y Victoria;
Títulos nobiliarios; Caballero, Conde, Duque, Marqués, Rey y Reyes;
Parentesco: Nieto, Primo y Sobrino.
Otra curiosidad ocurre cuando dos personas con algunos de esos apellidos forman pareja y tienen hijos, entonces usted se encuentra combinaciones como León Manso, Cordero Blanco, Arroyo Veloz, Caballero Valiente, Gallo Rojo, Sobrino Nieto, Luna Nueva, Naranjo Silvestre, Rubio Claro o Grave de Nacimiento.
En ocasiones los padres ponen nombres a sus hijos en combinación con los apellidos, como Blanca Rosa Blanco o aquella infeliz que heredó los apellidos Fuertes y De Cabezas y los progenitores le endilgaron el nombre de Dolores.
Ya lo ve, estimado lector, en esto hay mucha tela por donde cortar y si usted tiene el tiempo y el ánimo para seguir investigando seguro encontrará otros datos curiosos. En una próxima Crónica de lunes quizá volveremos a abordar el tema desde otra perspectiva.
