Crónica de lunes: vacaciones

El Parque de los Sueños en la provincial de Santiago de Cuba. Foto: Granma

El Parque de los Sueños en la provincial de Santiago de Cuba. Foto: Granma

“Al fin de vacaciones, después de seis meses y medio de arduo trabajo; ahora a relajarse, tomarse unas cervezas con los amigos, escuchar música y, como estamos en pleno agosto, ir a darse un chapuzón en la playa”.

Así se decía a sí mismo Pedro el viernes por la tarde después de concluir su jornada laboral, la última antes de acogerse a una merecida quincena de descanso. Pero, como dice el viejo refrán –un poco modificado por este gacetillero–, una cosa piensa el bebedor y otra el cantinero.

Cuando Pedro llegó a su hogar le esperaba una realidad bien distinta a sus ensueños. “¿Ya estás de vacaciones Pedro? Pues, qué bien, porque hay que cambiarle la zapatilla a la llave del fregadero, reparar la grieta de la pared, desyerbar el patio, arreglar la luz del baño, destupir… hacer… llevar… traer…”.

Bueno, el lector se imaginará. Ya sabemos que las vacaciones no siempre son lo que parecen. Muchas veces más bien son “ocupaciones”. Sobre todo para quienes tienen un empleo más intelectual que físico, las vacaciones pueden ser más arduas que el período laboral.

Sin embargo, casi siempre soñamos con ese par de semanas que cada cinco meses y medio estamos fuera de la rutina diaria del trabajo. Es una oportunidad para levantarse un poco más tarde de lo acostumbrado, excepto si tenemos hijos pequeños y el día anterior les hemos ofrecido llevarlos de paseo; entonces estarán muy temprano “asaltando” la cama conyugal para reclamar el cumplimiento de nuestra promesa.

Las vacaciones brindan también la ocasión de viajar, conocer otros lugares… siempre que nuestra economía lo permita. Ir al cine a disfrutar esa película que no pudimos ver antes por falta de tiempo y hasta vivir aquella aventura con que soñamos.

Para los jóvenes, sobre todo los estudiantes, es una temporada para divertirse ir a fiestas, bailar y conocer esa persona maravillosa que quizás se convierta en la pareja de la vida.

Esto me recuerda la letra de aquella canción de los Fórmula V que tanto escuchamos en la Década Prodigiosa: “Vacaciones de verano para mí / caminando por la arena junto a ti / Vacaciones de verano para mí / Hoy mi vida comienza a despertar / Hoy se ha abierto la puerta, sin llamar / Hoy te tengo a mi lado y soy feliz”.

Era una época dorada en que los jóvenes soñaban y vivían romances intensos y cándidos al compás de la música.

Todo parece indicar que eso de las vacaciones es algo relativamente nuevo, de cuando comenzaron las luchas por los derechos para los trabajadores, pues, qué siervo de la gleba iba a pedirle días de descanso a su señor feudal y a qué esclavo se les permitiría reclamar tal derecho a su amo. Y mucho antes que eso ¿usted se imagina a un neandertal o un cromañón dejando de cazar durante 15 días?

No obstante, desde hace mucho tiempo han existido días en el año en los que, por motivos religiosos, han recesado las actividades laborales, como la Navidad o la Semana Santa. Pero parece ser un invento de la Edad Media, cuando los jueces decidieron dejar de trabajar algunos días durante el verano, por ser una temporada de poca actividad, y luego se sumaron los clérigos, que eran quienes impartían la docencia.

Pero no fue hasta el año 1936 en que el Gobierno de Francia reconociera una serie de derechos sociales entre los que se incluían las vacaciones pagadas, práctica que se fue extendiendo a otros países tras la Segunda Guerra Mundial.

El vocablo vacaciones tiene su origen en la palabra latina vacans, participio del verbo vacare, que significa estar libre, desocupado, vacío. La misma raíz proporciona las palabras, vacante, vacuo, vacuidad, vago y evacuar, entre otras.

Lo cierto es que el período vacacional es rico en posibilidades como la vida misma. Por eso, no dudemos en regatearle algunas horas a las tareas que nos encargó nuestra pareja para irnos al cine, llevar a nuestros hijos o nietos al zoológico, jugar una partida de dominó, descansar y divertirnos; pero siempre en familia y sin cometer excesos.

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