
Casi todo el planeta estuvo al tanto de los sucesos acontecidos durante la Crisis de Octubre, también conocida como Crisis de los Misiles. Foto: Telesur.
La tropa huele que la desmovilización está próxima, que los yanquis no se van a tirar. Los combatientes andan locos por regresar a casa. El calor y el aburrimiento es mucho; añoran a las mujeres y a la cerveza como nunca. Y, además, nos tocó arreglar el refugio por culpa de los que dirigieron su construcción.
El comisario me manda a buscar y rompe estos pensamientos: “Escoge a dos o tres de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y ponte a trabajar en la reconstrucción del refugio. Hay que hacerles ganar disciplina (…)”.
Salgo de la tienda. ¿Cómo lograrlo? No me gusta ser robot. Cuando lo creo necesario discrepo con cualquiera, y ahora siento lo mismo que los demás milicianos de este batallón creado por hombres llegados con atraso a la conciencia. Debido al mando se echó a perder el refugio. Bien lo advirtió Papo, el albañil, y no le prestaron atención y hasta le hablaron fuerte.
Este fracaso es la victoria de Papo, y la mía, pues a pesar del “carguito” aquí, ya se lo dije a Cascaret: “Soy el mismo con cargos y sin cargos”. Patada a una piedra. Apretar los dientes. Morderme los labios. ¡Qué demonios! Aquí todos somos uno. El fracaso es de todos. ¡Cómo estoy lleno de estupideces! Debo ganar la partida a las dudas, a las contradicciones. La rebeldía se debe canalizar aquí aun más que en lo civil. “Cascaret, Falconeris, Ratón, vamos pal´ refugio: debemos construirlo otra vez”.
Papo lleva la voz cantante. El sudor se le recrea entre los pellejos que el sol ha ido regalando a la espalda. Las palas son guiadas por manos no muy hábiles. Mi turno y conmigo el Ratón. Le damos duro desde el inicio. El sudor hace su presentación. Al poco tiempo, mi colega se quita la camisa. Sentado, más bien tirado sobre la tierra, descansa Papo; juguetea con sus rodillas como si fuera bongó y empieza a cantar un guaguancó improvisado: Yo se lo dije a los jefes/que esto se iba a joder/que me hicieran a mí caso/para no volverlo a hacer. Y, ya ven, se jodió (…)”.
Las carcajadas son peligrosos aplausos. Mis pensamientos, mi rabia se acercan a los de Papo y hasta ganas traigo de inventar una cancioncita: molesta el error cometido. Soy responsable de propaganda de los zapadores y correo de la unidad, los jefes confían en mí, la UJC me mandó a fajar aquí.
Tampoco puedo brincar como una fiera para justificar lo mal hecho. Los compañeros perderían su confianza en mí. Sería demagogo o, peor, comebolas. ¿Quién puede justificar la mala dirección de este refugio? Sigo trabajando callado; espero la oportunidad.
Cascaret y Falconeris nos relevan. Aprovecho: me siento al lado de Papo. “Oye, Papo” Corta con mirada, ademanes, palabras: “Ya sé, comunista, ya sé. Vienes a sermonearme y con razón. Realmente no soy un tipo de última hora. Solo que me gustan las hembras y los tragos y, a veces, me pierdo un poco por ahí. Me vas a descargar por el guaguancó; chico, comprendo la importancia de la disciplina militar. ¡Ay!, compréndeme tú a mí: si no canto, me ahogo”.
“¿Y si te llegan a oír?”, le dije. “Me jeringo”, respondió como ráfaga. “No quiero eso. Eres de los buenos. Con canciones así me formas líos con los indisciplinados”, le expliqué.
No podemos seguir hablando porque llega el capitán; le quita el pico a Cascaret, comienza a trabajar, De pronto, para y le da los anteojos a uno de los combatientes. “Compañero capitán, ¿puedo mirar por ellos?”. El capitán aprueba con un gesto.
El jefe sigue usando el pico con fuerza no libre de rabia. Papo y yo nos acercamos al grupo. Cogemos puestos para los anteojos. Cuando me toca, miro hacia la izquierda: la carretera, varias casas pequeñas, las palmas. Después los usa Papo. Pronto los pasa.
“Dale, blanco, vamos a terminar rápido esto para irnos a pugilatear algo por la cocina”. Lo dice Papo y coge una pala. Sonrisa distinta le festeja hasta la mirada. Aunque no es mi turno, agarro un pico y uno golpes a los del capitán.
Nota1: Texto tomado del libro Crónica por una crisis, del mismo autor. Premio 13 de marzo en 1986, editado en 1989 por la Empresa Nacional de Producción del Ministerio de Educación Superior.
Nota 2: El texto hace referencia a sucesos que ocurrieron durante la Crisis de Octubre, una de las muchas agresiones del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, que tuvo lugar en la semana comprendida entre el 22 y el 28 de octubre de 1962.
Ver más en: Crónicas por la Crisis de Octubre (Parte I)
