En Cuba existen no pocas alusiones al muy preciado “oro blanco”: el agua. Así puede usted escuchar decir: el hombre que vino con la lluvia; los días del agua, título de una película de la cinematografía nacional; y agua pa´ Yemayá, deidad del panteón yoruba y diosa de los mares, entre otras expresiones.
Pero la Isla se enfrenta actualmente al dilema de la sequía y está que ”pide el agua por señas”, como suele decirse. Es la mayor sequía de los últimos 105 años, según expertos. Hasta tal punto que el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil emitió el pasado 17 de agosto una nota informativa -hecho inédito en estos casos-, donde alertó a la opinión pública sobre la compleja y grave situación.
De acuerdo a datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), los 242 embalses administrados por ese organismo gubernamental, retenían tres mil 224 millones de metros cúbicos de agua, cifra equivalente al 35 por ciento de la capacidad total. Es decir que 165 de dichos embalses están por debajo de la mitad y de ellos 118 ni siquiera rebasan el 25 por ciento.
Según el INRH, las provincias que tienen los niveles más bajos del preciado líquido son Ciego de Ávila (11 por ciento), Sancti Spíritus (13), Granma (15), Las Tunas (16), Santiago de Cuba (19), Camagüey (24), y Pinar del Río (25). Se trata de siete de las 15 provincias con que cuenta el país.
Las precipitaciones han sido esquivas a la geografía insular, incluso, los ciclones tropicales, propios de esta época del año. El pasado mes de julio también fue seco. La Habana apenas vio crecer los pluviómetros, pues solo cayeron 46,5 milímetros de lluvia, para un 33 por ciento, la más baja cota del país.
A propósito de La Habana, tiene las cuencas de abasto muy deprimidas, lo cual repercute negativamente en el suministro de agua a la población, aspecto que provocó que 50 mil habitantes se sumaran a los 30 mil que hasta ahora recibían agua por carros cisternas (pipas). La mayoría de ellos residen en zonas altas de los municipios La Habana Vieja, Centro Habana, La Lisa, Cerro y Boyeros.
Se trata de una situación de contingencia a nivel de país, con mayor impacto en 95 municipios de los 163 con que cuenta la Isla.
La agricultura se resiente
La agricultura, incluyendo la cañera, se resiente de la severa sequía, pues la misma consume entre el 70 y el 80 por ciento del agua que se bombea en el país.
Las noticias que circulan al respecto evidencian el posible impacto en el cultivo y la cosecha de diferentes rubros. Según expertos entre agosto y octubre la caña de azúcar alcanza su mayor grado de madurez, y la carencia de humedad repercute negativamente en la siembra para la próxima zafra.
La ganadería y el cultivo del arroz sufren las consecuencias de la sequía, lo cual presume la disponibilidad de menos alimentos para el consumo, asunto que puede incrementar la factura de importación de alimentos, históricamente alta, y cuyo desembolso monetario debe afectar asimismo la exigua disponibilidad de divisas del país.
Como para meditar y actuar
El asunto de marras debe ser muy observado. Si bien la sequía afecta igualmente la región caribeña y otras regiones del planeta, no debe ser motivo para el consuelo, sino para la alerta y la actuación responsable ante datos reveladores de una realidad inquietante.
Lean: el 70 por ciento de la tierra está cubierta por agua salada y solo 2,5 por ciento potable. De esta última, el 70 por ciento se utiliza en la agricultura, el 20 por ciento en la industria y solo se destina el 10 por ciento al consumo humano.
La no satisfacción de la creciente demanda del preciado líquido, el cual tiende al agotamiento por causas relacionadas con el cambio climático y al desmedido derroche en su consumo, pudiera generar diversos conflictos, hasta bélicos, entre las diferentes comunidades humanas.
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