
La historia de Cuba también se escribe con las hazañas de las mujeres. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
En su alegato de autodefensa La historia me absolverá, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expuso: “Si el Moncada hubiera caído en nuestras manos, hasta las mujeres de Santiago hubieran empuñado las armas”.
Año 1960. En Cuba existían cinco organizaciones que agrupaban a las mujeres: Unidad Femenina Revolucionaria, Columna Agraria, Brigadas Femeninas Revolucionarias, los Grupos de Mujeres Humanistas y Hermandad de Madres. Todas se fusionaron para dar vida a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
La FMC se fundó el 23 de agosto de 1960, desde el inicio con la eterna secretaria general Vilma Espín como guía, quien junto a millones de mujeres se propusieron llevar adelante políticas y programas encaminados a garantizar el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer en cada uno de los ámbitos de la sociedad.
Más de medio siglo después son muchos los retos que afronta una organización, que por estos tiempos procura rejuvenecerse, seguir como estandarte y faro de la valiosa fuerza femenina del país. Las celebraciones del nuevo aniversario recorrerán calles, plazas, centros recreativos, ferias, cines y teatros en las provincias de la nación.
La mujer cubana es una de las fortalezas de la Revolución Cubana, porque han sido siempre ejemplo de revolucionarias, trabajadoras y ciudadanas emprendedoras.
Es cierto que aún existen manifestaciones de desigualdad entre hombres y mujeres, tema que no es nuevo, pero ellas —y el resto de la sociedad— impulsan cambios culturales que permiten visualizarla en toda su dimensión, liberada de estereotipos y concepciones machistas que la limiten.
Ellas, nadie lo dude, transforman el entorno en un ambiente armónico, donde su aporte es visible, incluso en aquellos sitios en los cuales su presencia no era habitual en décadas pasadas.
Como escribiera Isabel Moya, Premio Nacional de Periodismo “José Martí”, “la adolescente que hoy ama sin barreras, defiende sus criterios con pasión y se sueña profesional o artista o trabajadora por cuenta propia, tal vez no es consciente de que goza de autonomía física, económica y política. Ella asume como natural estos derechos que sus bisabuelas, abuelas y madres conquistaron enfrentando los prejuicios de una sociedad profundamente machista”.
Por eso las mujeres de hoy y de ayer, las que fundaron la FMC y las jóvenes herederas de tanta historia, deberían ser siempre fieles a los versos de la poeta Dulce María Loynaz, quien reivindica una mujer sin ataduras, una mujer auténtica:
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca.
Y gris, y verde, y rubia, y
morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!
