
Toda Cuba está de luto ante el accidente áereo ocurrido este viernes en La Habana. (Foto: Internet)
Desde que conocí la noticia del accidente aéreo de un avión Boeing 737 en las cercanías del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, intento escribir una crónica, género que siempre me permite expresar todo lo que llevo dentro.
Sin embargo, no logro coordinar las ideas ante una situación que va más allá de la realidad.
Primero los rumores, luego la confirmación de la noticia por los medios oficiales, lo cierto es que el viernes 18 de mayo de 2018 ya pasó a nuestras vidas como uno de esos días fatídicos e imborrables.
En pocos minutos nuestro pueblo se cubrió de muerte, dolor y desesperación; de nada vale pensar si en ese vuelo había amigos, familiares, conocidos, cubanos o extranjeros, eran más de cien seres humanos a quienes la catástrofe aérea arrebató la vida.
Vidas en desarrollo, en plenitud y llenas de sueños.
Ahora Cuba está de luto, y solo nos queda el dolor profundo y la solidaridad, como el único tributo póstumo a las víctimas de ese accidente, que solo ha dejado dolor y tristeza en nuestros corazones.
