Un amigo sostiene que, para ser “cubanólogo”, es preciso estar muy mal informado sobre Cuba y, en general, sobre la complejidad del entorno internacional, pero no sentir vergüenza de decir cualquier disparate que se le ocurra.
Parece como si Frank O. Mora, director del Centro de Estudios de Latinoamérica y el Caribe en la Florida International University, cumpliera muy bien ambas condiciones.
Según un cable de EFE, fechado en San Juan, Puerto Rico, este 19 de octubre, este señor “ve lejos todavía la apertura de Cuba al capitalismo a pesar de la mejora en sus relaciones con Estados Unidos”.
Nosotros, los cubanos de Cuba, pensamos casi lo mismo, pero sin el “todavía”. Vemos tan lejos un quimérico regreso de nuestro país a ese régimen inhumano, que ni el mejor telescopio puede acercar esa posibilidad.
Como buen “cubanólogo”, Mora no se ha enterado de las reiteradas veces en que el presidente Raúl Castro y otros muchos dirigentes y funcionarios cubanos han subrayado que Cuba no hará concesiones de principios, ni aceptará condicionamientos, ni admitirá injerencia en sus asuntos internos, para resultarle simpático al gobierno de los Estados Unidos, ni al de cualquier otro país.
Tampoco parece haberse leído la Constitución de la República de Cuba, ni siquiera el artículo primero: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.
Dice que “las autoridades de La Habana no saben cómo operar en el sistema capitalista”, y tiene razón, porque nuestras autoridades no sabrían cómo aplicar “terapias de choque”, despidos masivos, salvatajes a bancos y otras prácticas habituales del capitalismo en muchos países, para después reprimir brutalmente a los ciudadanos que protestan.
No debe haber leído las noticias sobre la avalancha de empresarios de todo el mundo que vienen a Cuba, atraídos por las ventajas de la nueva Ley de Inversión Extranjera y de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, y por eso afirma que “el Gobierno cubano no dispone de los medios suficientes para atraer inversores internacionales”.
Abunda: “En Cuba hay mucha inseguridad y las reglas de juego no están claras todavía”, como si la seguridad, en su sentido más completo, no fuera uno de los principales atractivos de este país, tanto para inversores como para cualquier otro empresario o persona individual, junto con la transparencia de las regulaciones.
Sí, tiene razón en que “todavía no hay mercado en Cuba ni capacidad de consumo en la sociedad”, y es difícil que los cubanos tengamos mucha capacidad de consumo, mientras nuestra economía esté estrangulada por el bloqueo impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos.
Además, lo dice en Puerto Rico, donde la capacidad de consumo de la gran mayoría de la población está por el piso, debido a la inminente bancarrota en que ha sumido a esa nación el estatus colonial y la depredación de los Estados Unidos.
Afirma que “los inversores puertorriqueños pueden aprovechar el idioma común y la similitud cultural para hacer negocios en ese país”, no obstante (¡menos mal!) reconoce que “el embargo comercial a Cuba sigue vigente y, además, la isla caribeña no tiene acceso al crédito, lo que dificulta su progreso económico”.
Claro que los empresarios boricuas están perdiendo la oportunidad de hacer buenos negocios aquí, si no se lo prohibiera el Gobierno de los Estados Unidos, y no solo por hablar español y ser caribeños, sino por la histórica hermandad entre ambos pueblos, la cercanía geográfica y otras razones.
Lo curioso es que Mora introduzca esa tentadora posibilidad, luego de tantos “argumentos” dirigidos a desalentar a cualquier potencial inversor en Cuba.
Realmente, no creo que este señor sea un tonto desinformado, sino uno de tantos agentes dedicados a impedir el normal desarrollo de la economía cubana.
Uno de los aspectos menos divulgados del bloqueo es la intensa y permanente campaña mediática dirigida a disuadir a los empresarios de cualquier país que pudieran estar interesados en negociar con Cuba, y las declaraciones de Mora son un buen ejemplo.

