
Domingo Rosillo. Foto: Internet.
El 17 de mayo de 1913 dos cubanos pusieron a prueba su valentía y constancia: Domingo Rosillo y Augustín Parlá, agregaron sus nombres a la historia de la aviación al realizar el primer vuelo internacional en América Latina.
De esa manera establecieron un récord de distancia mundial volando sus aviones a 90 millas desde Key West hasta La Habana en dos horas y 40 minutos.
El viaje aéreo entre Cayo Hueso, en los Estados Unidos, y La Habana fue considerado extremadamente peligroso. El aviador norteamericano McCurdy lo intentó sin éxito y los dos antillanos repetirían su intento con la esperanza de tener más suerte.
De ahí que el Ayuntamiento de La Habana decidió premiar la hazaña: 10 mil pesos para quien llegara primero y cinco mil para el segundo.
Interioridades de la hazaña fue que el vuelo dependería del apoyo de tres barcos de la armada cubana, la Patria, que estaría estacionada a 45 millas de La Habana, la Hatuey a 30 millas, y la 24 de Febrero a 15 millas del terminar.
Un barco norteamericano, la cañonera auxiliar Peoria, también cooperaría para garantizar la seguridad de los intrépidos pilotos. Cuando el primer avión despegó de la capital cubana, la batería de La Cabaña dispararía dos cañonazos para anunciar el inicio del paso.
Sin embargo, el día de la partida aún no había llegado. Rosillo había ido a Cayo Hueso antes de Parlá y si no hubiera sido porque la hélice de su monoplano Bleriot-XI se había roto durante un vuelo de prueba, una que hizo para complacer a los inmigrantes cubanos que anhelaban un triunfo, el vuelo ya habría sido intentado.
Tuvo que esperar hasta que pudiera llegar una hélice de repuesto desde Cuba. Parlá llegó a Cayo Hueso con su hidroavión Curtiss, el cual funcionaba con un motor de 80 caballos de fuerza.
Parlá, a pesar de su falta de experiencia, tenía la superioridad de su aparato para hacer un vuelo sobre el agua a su favor. Si tuviera que aterrizar inesperadamente en el océano, al menos podría flotar.
De todos modos, la hélice de Rosillo se retrasó aún más y aunque Parlá estaba listo para el vuelo, las condiciones en ese momento no eran favorables. Se sabía que Rosillo traería una valija con él y una orden para comprar tabaco en la fábrica de Gato. Por lo tanto, la industria tabacalera usaría la aviación para sus operaciones comerciales por primera vez, otra novedad del acontecimiento.
A la primera luz del amanecer de ese día, en el más pequeño de los tres mástiles del Castillo de los Tres Reyes del Morro apareció una bandera roja, el público sabía que era el gran día. A las 05:10 hora local, Rosillo se fue. Su avión fue bautizado con el nombre de Habana y en el timón fue escrito, Cuba.
Voló durante dos horas, 30 minutos y 40 segundos. En ese punto, se quedó sin gasolina. Un fuerte viento cruzado lo había hecho consumir más combustible de lo que había anticipado.
El protagonista señaló al respecto: “empecé a ver que el nivel de gasolina caía en el tubo indicador, a un ritmo más rápido de lo que se había calculado. A mí alrededor solo podía ver el mar y el cielo. La máquina funcionaba perfectamente, vi el Hatuey y lo pasé. El tanque estaba casi vacío, pero finalmente vi Cuba.
“Había llegado sin una gota de gasolina en el tanque. Ni siquiera podía llegar a donde había planeado aterrizar, en el polígono de Columbia (hoy Ciudad Escolar Libertad). Tenía que realizarlo en cambio, en el campo de tiro. El viento me había hecho usar más combustible de lo que había planeado. Había llenado el tanque con 50 litros, y afortunadamente, había agregado 10 onzas más”.
Parlá, por otro lado, se había ido a las 05:57 y hacia las 06:01hora local, respectivamente, tenía que regresar: “comencé el vuelo, pero el aparato no respondió adecuadamente. No me dejaba compensar el viento que soplaba. Volví e inspeccioné, encontré que dos cables de tensión del elevador estaban rotos”. Rosillo fue, sin dudas, el ganador.
El día 19, a las 14:00 horas y sin notificación previa de sus intenciones, Parlá nuevamente fue en busca de su objetivo. Él no tuvo el apoyo de la marina. A diferencia de Rosillo, que prefirió volar escoltado por barcos, Parlá voló solo. La noticia fue una sorpresa en La Habana y el público se preparó para recibir al resuelto aviador. Habían pasado más de dos horas, aún no se veía el Curtiss desde el Morro. Fue muy inquietante la espera.
Pronto llegó la respuesta: “el aviador Augustín Parlá aterrizó en el agua, en la bahía de Mariel, a riesgo de su vida, a las 16:30 horas del 19 de mayo de 1913. La falla del motor le había impedido llegar a la ciudad, pero él está bien.
Del vuelo de Key West, un periodista escribió: “(…) lleno de patriotismo ilimitado y una resolución tenaz, se embarcó en el vuelo de prueba. Como la ciudad lo había seguido de principio a fin, finalmente se enteraron de que el aviador se había movido constantemente a lo largo del curso ideal, el que llevó a Cuba”.
El Ayuntamiento de La Habana otorgó el segundo premio a Parlá, aunque, en verdad, fue Cuba quien ganó como se afirmó: “su nombre se inscribe en la historia de la aviación y se ubicará entre los países avanzados por su persistencia en avance de la aviación hasta el límite máximo”.
