Del disfrute de las nuevas tecnologías a la adicción hacia ellas

Foto tomada de Radio Reloj.

Foto tomada de Radio Reloj.

Quienes viven en pleno siglo XXI tienen el privilegio de acceder a las llamadas nuevas tecnologías de las comunicaciones y al uso múltiple de la Internet.

Ello abre un infinito perfil para su aprovechamiento útil, e incluso para novedosas maneras de disfrute del tiempo libre; sin embargo, también pueden crear adicción con sus negativas consecuencias.

Es cierto que computadoras, tablets, teléfonos móviles y otros dispositivos, cuyo colofón es el acceso a la red de redes, con su extraordinaria velocidad operacional, resultan, más que necesarios, imprescindibles, a tono con los muy acelerados tiempos que se viven.

También es verdadero que hay usuarios a los que, hablando en buen cubano, se les va la mano con su uso excesivo, pues se vuelve insano y provoca efectos dañinos.

Existen muchas personas a las que no le resulta posible estar sin el teléfono móvil tan solo por espacio de unos minutos, porque han desarrollado un estado de dependencia que no son capaces de manejar.

Tal dependencia les ha provocado conflictos con sus familiares, amigos e incluso con sus parejas, pues han convertido a las nuevas tecnologías en centro de sus vidas, desplazando la mayor parte de sus relaciones interpersonales emocionalmente más cercanas.

Ellos han perjudicado incluso su desempeño laboral, al desatender sus funciones para dedicarle mucho tiempo a hablar por teléfono, enviar mensajes, chatear con sus amigos en las redes sociales, enviar fotografías u otras ocupaciones que desvían la atención hasta el punto de malograr sus resultados.

Otros han llegado hasta de dejar de dormir, por lo que amanecen y anochecen conectados, dando la impresión de que no realizan ninguna otra actividad. Algunos, realmente, dejan de comer, asearse y se aíslan, con lo que asumen conductas patológicas.

Lo válido es que los individuos aprendan a utilizar las nuevas tecnologías de las comunicaciones, y las utilicen de manera sana y productiva para el mejor desempeño, tanto en el entorno familiar como profesional y social, incluyendo el disfrute del tiempo libre, sin que ello anule su voluntad y su capacidad de amar que es, al decir de José Martí, la única que hace grande y feliz al ser humano.

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