
En la actualidad parejas interraciales son juzgadas de manera negativa por la sociedad. Foto: Internet
Elegir con quien compartimos espacios, nuestra vida o parte de ella es importante para toda persona, sin embargo, durante la adolescencia y primera juventud dicha búsqueda suele adquirir connotaciones especiales, más aún si ella tropieza con añejos prejuicios y estereotipos.
Tristemente, en la actualidad, parejas interraciales adolescentes, jóvenes y adultas son juzgadas de manera negativa por la sociedad y, sobre todo, en sus familias, solo por defender su derecho a la libre elección y a construir su felicidad.
Un sondeo realizado a varios jóvenes habaneros reveló una predominante aprobación de las uniones birraciales y el respeto a la libre elección de pareja en este grupo etario, sin embargo, cuando se les cuestionó sobre la presencia de esas uniones en sus círculos cercanos (familia, amigos, compañeros), la respuesta fue completamente diferente.
Una muestra de lo difícil que puede ser para muchos escapar de los prejuicios raciales, del temor a quebrantar esquemas tradicionales, a violentar estereotipos entronizados y desarraigar viejos aprendizajes.
Más allá de las causas
Para conocer más acerca de la presencia y reproducción de sesgos racistas en nuestra población, sus orígenes y condicionantes, consultamos a dos especialistas e investigadores del tema en Cuba:
Rodrigo Espina Prieto, investigador del Instituto Nacional de Antropología, en su ensayo Hacia una caracterización del prejuicio racial en Cuba (2004), atribuye la sobrevivencia y reproducción de los estereotipos a la “ trasmisión y asimilación de patrones culturales de generación en generación, que se han hecho más visibles a partir de la crisis económica de los años 90 (…), aunque replegados hacia las esferas más íntimas de la vida familiar y las relaciones interpersonales”, a manera de tema tabú.
Por su parte, Víctor Fowler, destacado ensayista y poeta, asegura que “una de las cosas más difíciles de cambiar en una sociedad son los prejuicios asociados al racismo, pues si bien es cierto que las raíces económicas y jurídicas de esta forma de discriminación fueron sacudidas con el triunfo revolucionario, ello no significa que fueron arrancadas”.
En otras palabras, la eliminación de la división de clases, el acceso por igual a la educación, al trabajo, a los servicios de salud, entre otras medidas revolucionarias, destruyeron las formas de reproducción del racismo como fenómeno social, pero no el racismo en sí.
Pues como explica Fowler, “el problema fundamental del racismo es que nunca se trata del presente, sino de una ideología de siglos. Una lucha por el poder que imbrica directamente a la descendencia, de ahí que negros y blancos pueden ser amigos, compañeros de trabajo y otros, pero el momento del matrimonio entre razas encuentra casi siempre la piedra en el camino”.
Seguramente, en diferentes ámbitos y más de una vez has escuchado decir cuando algo sale mal: “Tenía que ser negro”, “El negro si no la hace a la entrada la hace a la salida”, o “Qué blanca/o echa´o a perder” para referirse a la belleza afro.
Frases populares como estas demuestran la veracidad de los argumentos de Espina Prieto: “en la actualidad las representaciones raciales siguen estando marcadas por una evaluación negativa de los grupos negros y una positiva de los blancos, solo que ahora se hace a través de planteamientos menos agresivos y más sutiles”.
De nosotros depende derribar los muros, luchar contra ideas simplistas de superioridad, por una sociedad cada vez más inclusiva. Desterremos las prácticas discriminatorias que se expresan en el lenguaje, en la manera en que nos relacionamos, incluyendo el derecho a la libre elección de pareja.

Un sondeo realizado a varios jóvenes habaneros reveló una predominante aprobación de las uniones birraciales.

