El desarrollo del lenguaje, entre la tradición y la modernidad

Foto: Internet.

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El creciente bombardeo de la industria cultural y la evolución de la producción artística en Cuba han marcado recientemente un punto de giro en el desarrollo del lenguaje.

Cada día emergen nuevos vocablos, frases, jergas y significados que más allá de favorecer el progeso de la comunicación, crean barreras para el entendimiento entre los propios coterráneos y conforman representaciones desacertadas de la imagen de cubanos y cubanas.

Una de las principales vías en la expansión de este fenómeno es la música, pues desde esta se implantan tendencias tanto en el vestir, hacer, como decir, que en los últimos tiempos, además, vienen reproduciendo cánones de discriminación hacia la mujer que las relegan a roles sexuales y de sumisión.

Aunque no se puede generalizar con el tema de la música, es innegable la influencia que ejerce en las tendencias actuales, y no es momento de encontrar culpables ni nombrar al reggaetón como principal cantera de malos ejemplos.

La incidencia negativa trasciende un género específico, aunque tiene sus exponentes por excelencia (reggaetón, trap); es más bien una cuestión de actitud y de falta de gusto, porque ejemplos positivos sobran en la música cubana actual.

Si bien es cierto que el doble sentido y la picardía forman parte de la cotidianidad de los habitantes en la mayor de las Antillas, es inminente revertir el lenguaje grosero y vulgar que ya cuenta con una gran cantidad de promotores en la sociedad.

Este tópico se complejiza cada vez más, pues es evidente la confrontación entre la tradición y la modernidad, donde las nuevas tendencias, muchas veces cargadas de lo burdo, ganan más terreno.

Es necesario revisar ese lenguaje que es nuestra carta de presentación entre los connacionales y ante el mundo, evitemos que nos pongan etiquetas que no se ajustan a lo que es la cultura cubana.

Aún vale más un “te quiero” que un “te descargo”, un “con permiso” que un “echa pa allá”, o un “adiós” a un “nos cogemos”, o el más reciente vocablo “bajanda”.

Lo ideal sería que la picardía y la cubanía nunca fueran sinónimos de banalidad y chabacanería, esas tendencias que en estos momentos usurpan tanto tiempo y espacio de lo cotidiano.

El fin supremo del lenguaje es la comunicación, pero si ese objetivo se distorsiona y se guía por las tendencias, se diluye, distorsiona y denigra a una sociedad tan orgullosa de su cultura como la cubana.

One thought on “El desarrollo del lenguaje, entre la tradición y la modernidad

  1. Judith

    No es cuestión de género musical, es evitar el escándalo público, la Contaminación Sonora, el irrespeto por el derecho al silencio ajeno.
    Es trabajar Medios de Comunicación Másivos, escuela, familia, PNR, PP, PCC, CDR, FMC, UJC, OPJM por trazar estrategias para que cada cuabano tenga la edad que tenga, sepa lo que es música y lo que es bulla y ruido.

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