La mar y las montañas tan nuestras

Foto: Juventud Rebelde

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La mar, furiosa o tranquila, siempre la mar mirando nuestras montañas. Muchas veces, la angustia. De generación en generación rescatamos, y creamos a partir de la dicha la poesía, el vivir de esos enlaces.

Barcos europeos arriban. Falso descubrimiento: dolor. Los aborígenes no dan más. Asesinato. Naves hacia el comercio humano. A bordo, los grilletes. Ni Cristóbal Colón escapó de ellos en el bajón de su retorno a España. En las embarcaciones viene la resistencia de los negros cazados como fieras. Algún día el planeta pagará la gran deuda que tiene con África.

Humillación, tortura, muerte… José María Heredia, Félix Varela, Joaquín Agüero, Carlos Aponte… El cimarronaje ascenderá a cubanía. ¡Carlos Manuel de Céspedes! Desterrad el cepo y el látigo. Libertad individual. Invitación a combatir por la plena. Jamás mandato: lo que se impone sin ser necesario no florece.

Desde pechos tan generosos como tan ofendidos, el sí casi unánime al llamado. La sangre derramada hermanará a quienes valen. Lo aprendido allende los mares, del corazón a la realidad: ideología mambisa. ¡Independencia o muerte!

Depuesto el presidente, crecerá la felonía de quienes no quieren tanta Revolución. Desunen. Conducen al pacto ignominioso. Desde entonces, ante cada infamia zanjonera, Antonio Maceo y la Protesta de Baraguá. Al exilio sin abandonar el amor patrio. Vendrá la esperanza en otros navíos.

Los incendios otra vez. Son demasiado pequeños aunque los anhelos sean enormes. El enemigo los sofoca. Batallas, héroes, mártires; faltan unidad, organización.

José Martí junta robles y pinos nuevos para luchar por un país con todos y para el bien de todos, lejos del racismo y la xenofobia. Misión de las ideas, la política, la propaganda con base en el amor al ser humano.

Discursos, incluso fiestas bien intencionadas, el periódico Patria para decir bellamente verdades útiles y así llegar más pronto a las almas y convencer. El Apóstol conoce que la ética separada de la estética es muy débil.

De los clubes al Partido Revolucionario Cubano (PRC) cuando es el momento; un solo partido para no dispersar fuerzas, democrático sin esquivar la centralización indispensable.

No es clasista aunque su Delegado prefiere a los pobres de la tierra y afirma que un mundo mejor vendrá amasado por las manos de los trabajadores. El objetivo, la libertad de Cuba y el apoyo a Puerto Rico en su bregar por el mismo sueño.

Por Duaba, por Playitas de Cajobabo desembarca la guerra imprescindible. En ella caen Martí, los Maceo, mucha gente gloriosa anónima en su inmensa mayoría.

El civilismo extremo a destiempo vuelve a lesionar a los nobles reales: surgidos de abajo, muchos alcanzaron grados, a balas y machetes, mientras los laceradores consiguieron los cargos por el origen pudiente, sin batirse en la primera línea, y temen que a las hormigas les salgan alas cuando ellos sí tienen de insecto.

Los yanquis, la metrópoli verdadera ya es el norte revuelto y brutal, caen con esa fuerza más, la misma que usan en el continente, disfrazados de libertadores cuando traen nuevas cadenas.

República para el bien de pocos a costa de la mayoría trabajadora: el peor peldaño para quienes usaron el machete en la conflagración o en la labor. A las fuerzas principales y más puras de la nación, se la arrebatan.

El batón en manos de la Generación del 30. Su lidiar no se va a bolina del todo. Deja huellas. Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau… no han muerto, no pueden morir. El apoyo extraordinario a la guerra del pueblo hispano contra el fascismo robustece.

Carlos Baliño renace con la fuerza del socialismo en su tierra natal, a pesar de errores externos e internos de la vanguardia que desencantan. Las balas traidoras no nos dejan sin Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias: acompañan a lo mejor de su patria. .

Golpe del 10 de marzo de 1952. Los yanquis se alegran, apuntalan. Un joven, Fidel Castro, evoca a Mella, Rafael Trejo y Guiteras. No se queda en la evocación para oponerse al régimen; nunca en las quejas.

Martiano, domina que los muros son demasiado poderosos para caer con los lamentos, pero son débiles ante las balas. Aquel trío al lado de la Generación del Centenario cuando convierte la escoba de Eduardo Chibás en fusil para vencer el gobierno proimperialista.

El Apóstol es armado y rejuvenecido en su cumpleaños 100. Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Ambos están de parte de los atacantes y en contra de la orgía criminal.

El revés será convertido en victoria. En el juicio, Fidel Castro sienta en el banquillo de los acusados a los acusadores y los condena. Él y sus compañeros terminan encarcelados. Mariana rediviva en Haydeé Santamaría y Melba Hernández. En el futuro habrá muchas Marianas.

La prisión forjará más aún. El discurso La historia me absolverá sale de detrás de la rejas y, también por la vía clandestina, es publicado. Guía será, con tanto sabor mambí, esta especie de prólogo al socialismo con voz cubana que vendrá a su hora. Ahí está Baliño.

Los combatientes salen de la prisión debido a la acción popular que conduce a una amnistía. El Movimiento 26 de Julio actúa. La mirada de Abel Santamaría impulsa y protege. Al exilio para seguir en la labor liberadora.

Desde México, la expedición como soñaba e iba a preparar Julio Antonio. Ellos se agregan a los 82 expedicionarios a bordo del pequeño yate. Se repite el latigazo de La Fernandina con otras características pero con igual indignidad.

El líder responde a la perfidia, nada cual espalda mojada hacia Estados Unidos para conseguir recursos; su uso los despojará de manchas. La vida condenará a quien los dio abrazado al oportunismo. La mar vuelve a contemplar fijamente las montañas de la indomable tierra oriental.

Late la crónica sublime de Pablo sobre Realengo 18, en la cual resalta la importancia estratégica y táctica de la Sierra Maestra. No se equivocó el puertorriqueño-cubano caído en Majadahonda defendiendo a Madrid de la derecha.

¡El Granma ya navega! Hacinamiento, mareos, vómitos, la falta de alimentos, la sed. Todos son uno. ¡Hombre al agua! Fidel ordena el rescate. ¡Salvado! Peleará. El mal tiempo retrasa. No coincide el arribo con el levantamiento organizado por Frank País, ese coloso del clandestinaje. Santiago de Cuba otra vez demuestra que es la capital de la heroicidad.

Dos de diciembre. El desembarco. Alegría de Pío será tristeza. Otra vez el acoso, el suplicio, los crímenes, la cárcel. Los sobrevivientes se reúnen. Un puñado de hombres y unos cuantos fusiles. Fidel, como le enseñó el Padre de la Patria, sabe que son suficientes para alcanzar la libertad. Lo expresa con tal vehemencia que derrota cualquier escepticismo.

Incorporación, elevación en calidad y cantidad, contienda, avance. Maceo y Máximo Gómez son Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara en la invasión, trompada demoledora a la tiranía. En la lucha en las ciudades mueren miles de seres valiosos de diversas organizaciones. ¡Cómo olvidar aquel 13 de marzo en el que perdimos físicamente a José Antonio Echeverría!

Primero de enero que ilumina. Las cosas serán más difíciles desde entonces, como advierte el Comandante. El imperio llega a las más terribles infamias. Nunca nos doblegan.

Han pasado 60 años de aquel arribo, del nacimiento del Ejército Rebelde convertido después en las Fuerzas Armadas Revolucionarias: es el pueblo uniformado como dijo Camilo.

En Girón demostramos nuestra fuerza moral y militar al vencer a los mercenarios y sus titiriteros gringos, bautismo de fuego victorioso de las Milicias y los Comités de Defensa de la Revolución. Somos socialistas.

La resistencia, la valentía e inteligencia de Cuba obligó al gobierno norteamericano a establecer relaciones recién. Sin embargo, su crueldad, sus fines no han cambiado pese a disfrazar la forma. Y ni siquiera es capaz de quitar el bloqueo que lo mantiene aislado; únicamente seguido por un poder sumiso tan bestial como nuestro supremo enemigo. Detrás del caramelo ofrecido, con bastante veneno oculto, está el garrote. No nos engañan.

Afinaremos la puntería contra nuestros errores. Fortificaremos la unidad. Lucharemos para sembrar en las almas la bondad y el amor, para ser capaces de vencer las fuerzas internas y externas que quieren llevarnos a la ignominia.

Tenemos que convertir la heroicidad demostrada en situaciones extremas en heroicidad cotidiana. Se cambiará lo que deba ser cambiado sin prisa pero sin pausa. Al frente de las batallas, el Partido Comunista de Cuba.

No se equivoque Tío Sam, aquí sabemos derrotar a los zanjoneros: Maceo y Baraguá nos mostraron el camino. La bandera desplegada aquel 2 de diciembre sigue flotando. El Granma navega firme con el legado histórico de Fidel Castro.

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