Aciertan aquellos que ven en el ahorro una fuente de bienestar. El hábito es válido para cualquier circunstancia. Va desde un país que optimiza sus recursos y les da una buena utilización ya sean económicos o humanos, hasta de manera particular cada cual en el hogar donde vive.
Resulta esencial la conciencia que, sobre el tema tenga la familia, ya que no basta que uno solo de sus miembros lo practique, sino que deben ser todos.
Son muchas las personas que se alarman cuando llega el cobrador de la luz con la cuenta de lo gastado en el mes; el comprobante entregado es un indicador del cuidado que se tiene con ese bien que es la electricidad y que resulta tan importante y esencial para todos, por lo que exige que se utilice solo el necesario debido al valor material y social que tiene.
No obstante, se ven ventiladores encendidos sin que nadie reciba sus beneficios, luces por doquier prendidas aunque exista claridad natural, computadoras y monitores que funcionan aunque no estén escribiendo sus dueños, también televisores y otros equipos domésticos, en fin, son infinitos los ejemplos relacionados con el ahorro ante los cuales se es indiferente.
De manera similar ocurre con el agua. Su empleo está sujeto a la necesidad que tenemos de esta por los disímiles usos que tiene, y hay que recordar la carencia que existe en el mundo del preciado líquido y hasta en el propio país escasea, sin embargo, son muy pocos que al verlo salir por las llaves, no valoran la importancia que tiene economizarlo.
Por otro lado, nadie debe de pasar por alto que todo artículo o producto, sin excepción, tiene un uso finito de vida y en la medida que se use de manera racional durará más.
Sobre lo expresado vemos a simple vista algo que se puede comprobar como es un bombillo ahorrador que está concebido para que se use un determinado número de horas, pero si lo dejamos encendido todo el día y la noche, aunque cumpla su tiempo útil, se utilizará menos, además del gasto que significa en cuanto a energía eléctrica. Así sucede con otros grupos de bienes que tanto provecho da al hombre.
Se tendrán más porque durarán más y se adquirirán en un tiempo más espaciado igualmente los productos gastables como jabones, champú, detergentes, cosméticos, y otros que se usan en las casas a diario para la higiene y otros fines.
Por supuesto, lo anterior no quiere decir que se dejen de emplear, sino que se utilice solo lo necesario. Si se piensa con detenimiento, la frase de que ahorrar es tener, tiene total vigencia, y todas las medidas que se tomen para hacerla realidad serán pocas, más aun, donde el despilfarro abunde.


