El arte de engañarse a uno mismo

A nivel social, hay quienes mienten para escalar y se crean falsos currículos que no tienen cómo demostrar. Otros inflan planes de cumplimiento, dan por terminadas tareas que no van por la mitad o falsean informaciones para poder inventar. (Foto: elconfidencial.com)

A nivel social, hay quienes mienten para escalar y se crean falsos currículos que no tienen cómo demostrar. Otros inflan planes de cumplimiento, dan por terminadas tareas que no van por la mitad o falsean informaciones para poder inventar. (Foto: elconfidencial.com)

Para los cubanos la mentira que exagera un hecho es “tremendo tupe”, y quien dice mentiras es un cuentero. La mentira que más nos molesta es la que semeja una burla.  

Una de las mejores enseñanzas de mis padres ha sido no mentir. Tanto me impregnaron el valor de la sinceridad, que a veces rozo con la exageración. Estoy consciente de lo dura que puedo resultar en ocasiones, al punto de herir con mis verdades.

Aun así, y a pesar de los tropezones que me he dado por esa manía, sigo creyendo que vale más una verdad cruda que una mentira piadosa.

Es que las mentiras enredan las soluciones. Casi siempre después de una hay que decir otras para seguir ocultando aquella primera. Y de pronto se crea un estado de cosas donde el engaño se convierte en rey y señor.

Una mentirita no le hace daño a nadie, es lo que piensas la primera vez que lo haces. Y cuando vienes a ver, ya no mientes, sino que eres una mentira andante.

Hay mentiras a todos los niveles. Está el niño que miente sobre la tarea que no hizo o la pelea que tuvo con su amiguito; el adolescente que lo hace para salir con la novia, para llegar más tarde a casa o no ir a la escuela.

Está el trabajador que miente para justificar la tardanza o la ausencia y el marido que engaña a la esposa inventando un viaje de trabajo para escaparse con la amante.

A nivel social, hay quienes mienten para escalar y se crean falsos currículos que no tienen cómo demostrar. Otros inflan planes de cumplimiento, dan por terminadas tareas que no van por la mitad o falsean informaciones para poder inventar.

Todos los días se dicen cientos, miles, millones de mentiras alrededor del mundo, mentirillas y mentirotas; unas que apenas tienen trascendencia y otras que de ser descubiertas podrían producir una hecatombe.

Todos mentimos alguna que otra vez. A las personas sinceras, mentir les duele casi tanto como sacarse una muela. Y no saben mentir, se les nota en los ojos, en la mirada, en el tartamudeo y en el sudar de las manos.

Pero hay mentirosos compulsivos, que hacen de la mentira su arma más eficaz para sobrevivir. Permanecen inmutables mientras cacarean sus falsedades.

Por no dejar de mentir se mienten a ellos mismos y con el tiempo se llegan a creer sus mentiras, tanto que estas se convierten en escudos o leyendas, porque dicen que una mentira repetida cien veces se convierte en verdad.

No voy a negar que la mentira pueda resultar atractiva y hasta más fácil para salir de situaciones estresantes. Pero es solo en apariencia y a corto plazo. La mentira te resuelve en el momento para salir del atolladero, pero ¿y después?

Siempre es mejor no mentir. Cuando se miente no se queda bien con nadie, aunque así parezca. Las mentiras corroen los mejores valores, siembran la desconfianza y rompen todos los días relaciones de amistad y de amor.

Antes de decir la próxima mentira que le venga a la mente piense en que mejor se coge a un mentiroso que a un cojo o en que la verdad tiene pies propios y siempre llega o sale a flote.

No diga mentiras, no deje que se digan falsedades frente a usted, no sea cómplice de las invenciones, pero principalmente no se engañe a usted mismo. En definitiva, no hay mentira que dure cien años, ni cuerpo que la resista.

Tenga cuidado en su andar por la existencia, hay lugares, momentos o situaciones donde las mentiras flotan en el aire. A decir mentiras, no lo olvide, se aprende y es una costumbre, que una vez adquirida, se convierte en adicción o modo de vida.

One thought on “El arte de engañarse a uno mismo

  1. Isis de Caridad Fernández Carrero

    Es cierto que una mentira sutil al principio puede convertirse en un monstruo que hay que alimentar con nuevas mentiras para preservarla,decir la verdad es una vacuna dolorosa en sus inicios, pero evita la enfermedad que nos agrava, por eso es más efectivo ser sinceros y mostrar la cierta verdad a tiempo,para que se convierta en nuestra arma de moral y principios.MIl felicitaciones a la autora de éste genial artículo, que con su talento nos muestra el perjuicio de la mentira y nos ayuda a refelexionar para erradicarla de nuestra vida.

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