
El arte en sus diversas manifestaciones no causa solo alegría, sino que igualmente impulsa la realización de actos nobles. Foto: Cubahora
La necesidad de la belleza y de la armonía está implícita en la propia naturaleza humana. Si bien es cierto que todas las personas no pueden convertirse en compositores, escritores o artistas de la plástica, también lo es el hecho de que apreciar y amar lo hermoso es inherente a la espiritualidad que desarrolla en los seres humanos.
El arte en sus diversas manifestaciones: música, cine, teatro, artes plásticas, danza y literatura no causa solo alegría, sino que igualmente impulsa la realización de actos nobles. Por ende, muchos especialistas denominan al arte como escuela de sentimientos; de ahí que, su enseñanza, se valore como parte de la formación de la personalidad.
Sin embargo, la facultad de sentir y comprender lo bello no llega por si sola, hay que desarrollarla desde la infancia, y cuanto antes mejor. Por supuesto debe iniciarse en el seno familiar.
La incapacidad para percibir la belleza, la indiferencia ante las obras de arte, la ausencia de un punto de referencia estético en algunos jóvenes, se debe –en buena medida- a que sus padres no dedicaron la necesaria atención a ese aspecto de la educación.
A la mayoría de los padres les preocupa cómo ayudar a sus hijos a amar lo bello, enseñarles a comprender el arte y si procede o no inmiscuirse en un proceso tan complicado como es el de la percepción artística. Sin duda, buena parte de la responsabilidad les toca a ellos, ya que son los primeros y más cercanos educadores de los hijos.
En el desarrollo de los niños existen períodos de alta susceptibilidad, durante los cuales la percepción y la enseñanza transcurren con eficacia máxima, subrayando la importancia de utilizarlos para una educación estética fructífera.
El teatro despierta las emociones más diversas y, en el caso de los niños, no solo forma cualidades estéticas, sino también morales. Aunque les comentemos en detalle el contenido del espectáculo, si no lo vieron y sintieron, no pueden formarse una idea sobre éste.
De lo anterior se deduce que el arte puede entenderse y amarse solo a través de la percepción personal, de la vivencia y los sentimientos compartidos. En el teatro los padres tienen una fuente inagotable de valores para inculcar a sus hijos desde las más tempranas edades.
Se hace necesario desarrollar en los niños y adolescentes la necesidad y la costumbre de comprender lo visto, de retornar una y otra vez, pensar en ello asimismo e inculcarles la aptitud de comprender, sutil y profundamente, el sentido de las obras artísticas.
A las personas no preparadas les resulta ajeno el placer proporcionado por la música sinfónica, la pintura o los maravillosos monumentos de la antigüedad. No entienden el inspirado impulso del artista que ha puesto tanto amor en su obra. En resumen, no se puede vivir lo que no se entiende, lo que no afectó el alma.
Resulta provechoso que los padres asistan con los hijos a los espectáculos infantiles, exposiciones de arte y conciertos. De esa manera ellos sienten la admiración y el regocijo de los mayores por lo artístico, mientras comparten su alegría, al tiempo que manifiestan interés por las interpretaciones. En esas circunstancias, el efecto del encuentro con lo bello crece inimaginablemente.
La naturaleza será además uno de esos tantos manantiales inagotables de placer estético. Sin embargo, no se trata de un simple paseo por el campo o la playa, ya que debemos descubrir con los pequeños la belleza que se encuentra por doquier.
Por ejemplo, al mostrarles la flora y fauna del lugar visitado, podemos enseñarles a distinguir la diversidad de colores ante las plantas y la iluminación solar; o la riqueza de timbres mientras se escucha el trinar de los pájaros, o el sonido de las aguas si hay algún río o mar cerca. Todo viaje al mundo de la naturaleza proporciona descubrimientos maravillosos y, a la sensibilidad de los pequeños, le será útil la grandeza y lo hermoso que presencian.
Cualquiera que sea la futura profesión de los hijos, la educación estética no puede quedar fuera del campo visual de los padres, pues ésta les proporcionará un tesoro espiritual que les permitirá –de adultos- disfrutar plenamente la vida.

