
Niurka Torres (al centro) junto a dos compañeras de estudio del centro docente Eduardo García Delgado. Fotos: Cortesía de la autora.
La creación del movimiento de instructores de arte no se trata de una idea nueva, sino la continuidad de un proyecto que nació con la Revolución misma.
En sus Palabras a los intelectuales, Fidel Castro Ruz ya defiende esta necesaria relación arte-pueblo como uno de los principios de la política cultural del país.
La Escuela Nacional de Instructores de Arte fue un paso concreto en aquellas décadas, importantes creadores cubanos de la actualidad emergieron de cada uno de los sectores gracias al movimiento de artistas aficionados al arte y la literatura.
Gratos recuerdos vienen a mi mente al ver fotos de aquella institución que me formó no solo profesionalmente, sino también como persona.
Experiencias alentadoras y como para llenar varios libros, las aulas, pasillos, tabloncillos, días tensos de ensayos, amigos que surgieron; el teatro de mi vida, esa era ella, la Escuela de Instructores de Arte Eduardo García Delgado.

Los profesores Cancio y José Enrique.
Como olvidar a Cancio y José Enrique, los primeros profesores que me enseñaron la dramaturgia de una obra, la teoría de actuación de Konstantín Stanislavski y como desarrollar una trama en silencio orgánico.
En estos momentos los instructores de arte se encuentran ubicados en diferentes escenarios, escuelas, casas de cultura, galerías, museos, salas de video y televisión y desde allí se realiza no solamente un trabajo específico en función de los talleres de apreciación y creación, sino que además el escenario se ha diversificado a partir de que existe una influencia mucho mayor en las comunidades.
Muchos se encuentran inmersos en proyectos comunitarios, desarrollando actividades caracterizadas, presentaciones artísticas con el fin de llevarle el arte al pueblo, incluso a las personas que viven en zonas de difícil acceso.

Fotos: Cortesía de la autora/Montaje: Yelemny Estopiñán Rivero
