
Foto: Mildred O´Bourke Rodríguez
Acostumbro a verla cada vez que acudo a su establecimiento y siempre la encuentro sonriente, atenta a los requerimientos de sus clientes y al mismo tiempo sugiriéndoles opciones. Presta atención, conversa y como está informada, pues también puede inducir las compras.
Cuando hace unos días le pregunté si había llegado el gel de pelo, su respuesta fue una sorpresa: “Suchel me lo prometió para la semana que viene”, lo que muestra que igualmente está en contacto directo con los proveedores nacionales, sin esperar a los “canales” burocráticos, para conocer opciones y tratar de mantener su pedacito de área con variedad de ofertas.
Esa es Sulema Corrales Ruano, casi una excepción en un giro como el de las ventas en mostrador en La Habana, donde se hace muy difícil encontrar gestores que emprendan su trabajo con la pasión y respeto que se merece el cliente.
Y es algo que pueden confirmar aquellos que visitan la Tienda Recaudadora de Divisas (TRD) Quinta y 96, en el municipio habanero de Playa, en cuyo departamento de cosméticos labora hace cuatro años, con una clientela inmensa, que se ha ganado precisamente por su alto estándar profesional.
Es solícita, una buena consejera para la belleza y la salud; conoce las características de cada producto que vende y te propone opciones en las cuales no habías pensado:
“Este tinte va mejor con el color de tus ojos; para tu piel me gustaría que probaras tal crema; me acaba de llegar este producto que es superior al que deseas, si lo pruebas me vas a dar la razón”, son frases usuales en su intercambio con los clientes.
Hay mucha controversia en si se nace o se forma un buen vendedor. Ese no es el quid del tema. En la actualidad cualquier empresa establece altos estándares de cualidades y funcionalidades para sus empleados y dedican especial atención a sus vendedores, como se dice, la cara de la entidad.
Los manuales que existen y se exigen acotan que al menos tres cualidades han de reflejarse en quienes ejercen este oficio en el mostrador: afición, que es decir pasión, sentido de pertenencia; educación y talento. Sulema las posee.
Cualquier vendedor, apuntan los expertos, ha de enseñarle algo al comprador sobre el artículo que le ofrece, pero para hacerlo debidamente y convencerlo, ha de exhibir conocimientos, ser locuaz y atenderlo como la persona más importante de su vida. Entonces esa es Sulema.
Aquí no se exagera nada. Dieciocho exitosos años en su carrera como vendedora hablan de esta joven, que trabaja en una entidad cubana estatal y que afirma que se respeta a sí misma y al trabajo que ama, confiriéndoles a sus clientes la importancia que merecen.
Si usted no lo cree, visite el establecimiento. Hágalo de incógnito. Solicite sus servicios. Me va a dar la razón: Sulema está entre las excepciones en la red minorista de la capital cubana, donde muchos ni venden, ni enseñan a sus usuarios a comprar, pero lamentablemente cobran como si cumplieran con su deber.

