
Imagen del interior del emblemático restaurante Monseigneur, en La Habana. Foto tomada de Internet.
Todavía, cuando se visita el mítico restaurante Monseigneur, en La Habana, el mobiliario, las luces tenues, las cortinas y los objetos de época, te acercan a lo que debió ser una atmósfera subyugante en sus tiempos de gloria. Pero se extrañan ciertas cosas.
Hasta algunos años después del triunfo de la Revolución, asistir a un almuerzo o una cena en este sitio, situado en calle O número 122, esquina a 21, en El Vedado, frente al Hotel Nacional de Cuba, era un acontecimiento que exigía una cartera bien dotada y la oportunidad de dugustar una alta cocina de sabores propios. Se extraña a Bola de Nieve desgranando sus canciones en el piano con su incomparable voz.
El chansonnier, entre las 19:00 y la 01:00 (hora local), era la atracción principal para cubanos y extranjeros que llegaban a disfrutar también, más allá de un menú impresionante, de un hombre cuyo estilo musical lo hacía único.
Ignacio Villa, más conocido como Bola de Nieve, noche tras noche se presentaba con su impecable frac negro, cantaba y hacía chistes y cuentos mientras tomaba poquito a poco buchitos de ron.
Hijo de Guanabacoa, al otro lado de la bahía de La Habana, había crecido escuchando la música de sus ancestros y la siempre rica cubana y de esa savia bebió, sin abandonar su sencillez de hombre humilde, del barrio y los toques de Santo.
El servicio a la francesa con sus peculiares platos de mariscos, pescados y carnes; la elegancia de su personal, así como los cócteles prodigiosos que preparaban sus cantineros, complementaban todo lo que el más exigente comensal podía desear.
Rita Montaner, Elena Burke, Silvio Rodríguez; los más destacados artistas, intelectuales, personajes ilustres, hasta aquellos que se hospedaban en el Hotel Nacional, de los años 50 a los 80, visitaron este altar de restauración nacional.
Y es que el restaurante Monseigneur, con su nombre francés, era un referente en la siempre movida vida bohemia de la capital cubana.
Cierto que se han hecho esfuerzos por recuperar las glorias de uno de los icónicos restaurantes de La Habana, pero no se ha logrado, por disímiles causas.
Sin embargo, al calor de los proyectos que se impulsan para la ciudad, en su aniversario 500 y hacia el futuro, tal vez a Monseigneur puede que se le conceda atención adecuada para devolverle su fama.
El inmueble mantiene su decoración esencial y la buena cocina, simplemente habría que ejecutar algunas inversiones. Su historia lo reclama y merece.

Interesante trabajo que destaca valores esenciales de la cultura, arquitectura y en general aspectos de interés patrimonial para la nación. Espero que se tomen las providencias necesarias para la conservación de este sitii, por la historia que guarda para Cuba y para La Habana, en su aniversario 500.