La figura del Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, me viene a la mente siempre que recuerdo el tiempo que fui militante de la Unión de Jóvenes Comunistas.
Su integralidad como revolucionario hizo que deviniera paradigma y admiración para varias generaciones de cubanos, que integramos en determinados momentos de nuestras vidas, las filas de la UJC.
Fue el 2 de junio de 1966 que ingresé en la Unión de Jóvenes Comunistas; cursaba el primer año en el Instituto preuniversitario Saúl Delgado, del Vedado; en un acto efectuado en el teatro del centro capitalino, me entregaron el carné de militante que recibí con auténtico orgullo.
Considero que aquel fue uno de los momentos más importantes de mi vida; a partir de entonces, adquirí nuevas responsabilidades, pues más que nunca tendría que ser ejemplo para el resto de mis compañeros.
Fueron muchas las tareas, entre las que recuerdo, la preparación política para defender con mayores argumentos a la Revolución, las movilizaciones agrícolas, las escuelas al campo, y la participación en actividades políticas.
El desinterés y la entrega caracterizaban la masiva participación de los jóvenes, que al llamado de la organización, daban el paso al frente con entusiasmo.
Lo que debe de ser un joven comunista fue definido en toda su dimensión por el Che en su intervención en el segundo aniversario de la integración de las organizaciones juveniles revolucionarias el 20 de octubre de 1962.
“Yo creo que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista es el honor que siente por serlo, ese honor que lo lleva a mostrar ante todo el mundo esa condición, que no lo vuelca en la clandestinidad, que no lo reduce a fórmulas, sino que lo expresa en cada momento”.
Junto a eso, decía el Che, un gran sentido del deber con la sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos, y con todos los hombres del mundo. Eso es algo que debe caracterizar al joven comunista.
Al lado de eso, “su gran sensibilidad ante todos los problemas, frente a la injusticia, su espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho”.
En ese espíritu de trabajo, abnegación y fidelidad a la Revolución que definiera con precisión el Che, se formaron cientos de miles de jóvenes, que como yo recibieron un día inolvidable el carné de militante, con la certeza de que nunca defraudaríamos la confianza que en nosotros la Revolución depositó.

