Fidel Castro y la Carta de México

De izquierda a derecha: José Antonio Echeverría, Fidel Castro y René Anillo. Foto: Archivo Granma

De izquierda a derecha: José Antonio Echeverría, Fidel Castro y René Anillo. Foto: Archivo Granma

El 30 de agosto de 1956 se reunieron en México los dirigentes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y del Directorio Revolucionario, encabezados por Fidel Castro Ruz y José Antonio Echeverría, respectivamente, para coordinar los planes de sus organizaciones con respecto a la lucha armada.

Ese día participaron, además, por el Directorio Revolucionario Faure Chomón y Fructuoso Rodríguez, mientras que por el M-26-7 estuvo el Jefe de Acción y Sabotaje de la provincia de Oriente, Frank País García.

Durante el encuentro, el joven abogado explicó cómo se proponía llevar a Cuba una expedición para iniciar la guerra de guerrillas en las montañas y que el desembarco sería apoyado por levantamientos armados en distintas ciudades de la isla, sobre todo en Oriente, misión esta que le fue encomendada a Frank País.

En tal sentido se solicitó el respaldo de los comandos del Directorio, cuyos dirigentes plenamente de acuerdo con Fidel Castro se comprometieron a ejecutar una serie de acciones en La Habana.

La reunión estuvo caracterizada por la camaradería propia entre revolucionarios, dispuestos a hacer cualquier sacrificio con tal de liberar a la patria.

Los jefes de ambas organizaciones suscribieron entonces un documento de trascendental significación histórica, la Carta de México, también conocida en la historia como el Pacto de México, en el que queda establecida la unidad de acción política de la juventud cubana en la lucha revolucionaria.

El citado documento fue publicado el primero de septiembre de 1956 y exponía, entre otros aspectos, que “(…) los dos núcleos que agrupan sus filas, la nueva generación que se ha ganado en el sacrificio y el combate las simpatías del pueblo cubano, acuerdan dirigir al país la siguiente declaración conjunta:

“(…) Que ambas organizaciones han decidido unir sólidamente su esfuerzo en el propósito de derrocar la tiranía y llevar a cabo la Revolución cubana.

“(…) Que la revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses, para servir a Cuba, en un programa de justicia social, libertad y democracia, de respeto a las leyes justas y de reconocimiento a la dignidad plena de todos los cubanos, sin odios mezquinos para nadie y, los que la dirigimos dispuestos a poner por delante el sacrificio de nuestras vidas, en prenda de nuestras limpias intenciones”.

Aunque no se logró dotar a ambas organizaciones de una misma estrategia y se convino en que cada manera independiente desarrollara sus planes de acción armada, sí quedó establecida una coordinación necesaria para la lucha y la unidad de la juventud cubana en cuanto al programa político, encaminado a la reivindicación de los derechos del pueblo.

Fuente: EcuRed

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