Hace falta más comprensión

Agresividad en los hijos problema de los padres. (Foto: bici4x4.blogspot.com)

Agresividad en los hijos problema de los padres. (Foto: bici4x4.blogspot.com)

La violencia, sus causas y efectos en comunidades, familias y naciones suele adoptar matices complejos desde el comienzo mismo de la humanidad, por lo que es un tema ampliamente cuestionado por los sectores más progresistas del mundo.

Cuba aborda el tema desde una óptica de cuidado integral llevado a la práctica por los programas de asistencia social y de las organizaciones políticas y de masas, de común acuerdo y en función de garantizar la equidad social que alcanza a los niños, mujeres y hombres sin distinción de raza, credo religioso, preferencia sexual, nivel cultural y posición económica.

Sin embargo, proteger al ser humano de conductas o situaciones que de forma deliberada provocan o amenazan con hacerle daño, requiere del trabajo sistemático no solo de las instituciones responsabilizadas en contribuir a la salud exhaustiva de la población sino también de la decisión ciudadana presta a prevenir, educar y dispuesta a recibir enseñanza para conocer cómo y adónde acudir en cualquier caso de intimidación.

Parte de esa enseñanza está reflejada jurídicamente y desde la constitución de la familia se recalca lo establecido como obligación de los padres en la formación de los menores, porque no hacen falta golpes para imponer la autoridad debida a los más pequeños o jóvenes, mientras el modelar de los adultos en sus relaciones personales también resulta un medio de transferencia de pensamientos y acciones de trascendental impacto futuro.

Imposible obviar además la interacción humana individual y colectiva de la sociedad moderna que en ocasiones favorece el deterioro de la coexistencia pacífica y afectuosa a que todos aspiramos.

A menudo se observan gestos y respuestas nada consecuentes con el deseo de vivir en armonía y sin violencia, inclusive en los lugares públicos donde las autoridades muchas veces deben actuar en correspondencia a los hechos.

No se puede olvidar que la violencia comienza desde el mismo momento en que se permiten o estimulan hábitos nocivos en el estilo de vida de los diferentes miembros de la sociedad, mediante obscenidades, gritos, lenguaje vulgar, imposiciones, falta de argumentos para convencer y otros tantos elementos que, en definitiva, dañan tanto física como psicológicamente.

Entonces prevenir es la mejor forma de evitar las marcas de una vida hostigada por la violencia de palabras y hechos que estimulan al egoísmo. Es la manera más certera de asegurar las relaciones de amor y comprensión individual o colectiva en la época actual que vivimos.

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