
Con 78 años Ignacio González cuida a su mamá con dedicación. Foto: Teresa Valenzuela
Ignacio González Álvarez vive en un modesto apartamento del habanero reparto de Alamar junto a su madre Angelita Álvarez a quien cuida con desvelo desde hace unos 10 años, cuando problemas serios de salud le impidieron caminar y valerse por si misma.
En el lugar prevalecen la limpieza y el orden, así como el cariño y la ternura infinita entre los dos.
Una emoción muy grande invade al hombre cuando define lo que significa ella para él: “la que me dio la vida, trabajó duro para que estudiara hasta obtener el título de maquinista naval en la academia del Mariel; es el principal motivo de estar vivo”.
Recuerda también que al morir el abuelo, su madre lo sustituyó en el hogar, y fue a partir de entonces el pilar de una familia numerosa compuesta por dos hermanos más y otros primos.
“En aquella época ella trabajaba en contaduría en el ayuntamiento de La Habana y al dar el golpe de estado el dictador Fulgencio Batista en 1952 quedó cesante; a partir de entonces pasó necesidades y vicisitudes para garantizarles un plato de comida a los hijos y al resto de los familiares.
“Tuvo varios empleos y nunca se dio por vencida; vivíamos en un barrio marginal nombrado El Rosario hasta el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, a la que la familia en pleno se incorporó a partir de esa fecha; ella por supuesto fue la primera en dar el paso al frente”.
Con 78 años de edad Ignacio cuida a su mamá a quien se le ilumina el rostro cuando a pesar de las grandes dificultades para hablar dice que él es el Nene, el hijo quien siempre está dispuesto a complacerla, de día y de noche, presto a entregarle el infinito amor que siente por su progenitora.
