¿Por qué es imprescindible educar sentimientos y emociones?

Foto: Internet.

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Cuando se habla de educar, las personas piensan de inmediato que se trata de transmitir o promover conocimientos, enriquecerse personalmente con la cultura.

Sin embargo, una mirada más amplia de la educación no puede dejar de reconocer que las emociones y los sentimientos de los individuos son aspectos importantes de sus vidas, que el bienestar en lo afectivo es trascendental para la felicidad, para las actitudes hacia los otros y hacia nosotros mismos y que esta es la mejor manera de enseñar.

La controvertida escritora francesa, George Sand, decía que el intelecto busca, pero es el corazón quien halla.

Por su parte, Charles Dickens, otro genial escritor británico, afirmaba que el corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas y que el perfecto conocedor de los hombres las hace vibrar todas como un buen músico.

Indiscutiblemente es imprescindible educar, en primer lugar, los sentimientos de los niños y jóvenes si se aspira a hacer de ellos buenas personas, porque de esta manera se esfuerzan por dar frutos en cualquier situación en la que le coloque la vida.

En otras palabras, serán buenos estudiantes, profesionales, amigos, hijos y mejores padres, en fin, buenos ciudadanos, porque llegan a incorporar esa calidad humana como un componente de su personalidad.

Desde la indiferencia no se pueden cultivar la voluntad ni las buenas maneras, ni tampoco los gestos altruistas. Fue José Martí quien afirmó que un pueblo es grande sin importar su tamaño, cuando da hijos generosos.

Educar a los hijos en el amor, el respeto, y cultivar en ellos valores universales partiendo de la premisa de que han de ser buenas personas, es preciso que se realice en un ambiente familiar de sintonía, distendido, con momentos de intimidad en los que puedan aflorar sus sentimientos.

Además, es importante estimularles siempre la confianza en sus propias capacidades, esas que generan seguridad e impulsan y alientan la acción.

Decía Séneca, el gran filósofo griego, que merecen elogio los hombres que en sí mismos hallaron el ímpetu y subieron en hombros de sí mismos.

El optimismo es imprescindible en la educación y educar supone creer firmemente en la capacidad del hombre de mejorar a otros y mejorarse a sí mismo.

Nunca es demasiado tarde para proponernos ser mejores, para crecer como seres humanos y un paso imprescindible está, no lo dudemos, en la educación de los sentimientos y de las emociones.

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