Que la amistad verdadera nos una contra la maldad

Este 28 de septiembre se conmemora el aniversario 59 de los Comités de Defensa de la REvolución (CDR). Foto: Radio Enciclopedia.

Este 28 de septiembre se conmemora en Cuba el aniversario 59 de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Foto: Radio Enciclopedia.

“Eficaces medidas de contrainteligencia hicieron posible neutralizar, entre 1880 y 1895, a los espías que pretendían interferir en la Guerra Necesaria”, expresó Jorge Petinaud en su artículo José Martí contra los espías del norte.

Nidia Sarabia abundó sobre el hecho en su libro Noticias confidenciales sobre Cuba 1870-1895: “Martí estuvo consciente de que era vigilado y perseguido con tenacidad por espías, detectives, agentes o delatores pagados por el Gobierno de España, en el territorio de Estados Unidos (…)”.

La agencia norteamericana Pinkerton intervenía con tremendo protagonismo en la infamia, asechanza con anuencia y aun participación de lo peor de los yanquis, enfocados en que era más fácil apoderarse de la Isla si seguía en manos hispanas y no en las de los cubanos; detectives aquellos destacados en la lucha contra el movimiento obrero norteamericano, bien pagados por los explotadores.

El Apóstol fue decisivo en el surgir y el bregar de la contrainteligencia patriótica,  y el 28 de septiembre de 1890, desde tribuna periodística mexicana advierte, vibrándole en el alma la conflagración necesaria que iba a organizar: “De cada grano de polvo se levanta el enemigo a echar abajo, a garfio y a saeta, cuanto nace con ala”.

En esa misma fecha pero de 1960 Fidel Castro, desde la terraza norte del entonces Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución), dirige la palabra  a una gran concentración popular. Varios petardos rugen. La multitud doblega el temor, levanta bríos, grita lemas, condena.

Esa reacción es canalizada por el Comandante en Jefe: “Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva (…)”.

Miles partimos hacia los barrios, las manzanas, las cuadras, los pueblos, en llanos y montañas, a convertir el llamado en vida. Eran momentos fundadores aunque aún no lo valorábamos en toda su dimensión.

En la base, lejos del papeleo, el buró y locales preparados, brotaban las raíces de una organización que sería un arma importantísima para las masas, y un  aporte para el movimiento revolucionario del mundo: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Había que proteger del garfio y la saeta de traidores y titiriteros los ensueños martianos que, liderados por su mejor alumno, comenzábamos a edificar con las alas desplegadas.

La labor inicial de la flamante trinchera brindó frutos y la preparó para su bautismo de fuego en abril de 1961. El Ejército Rebelde, los milicianos, la Policía Nacional Revolucionaria derrotaron a los mercenarios en Playa Girón.

Y en el país accionaron con mayúsculas aquellas tres letras: CDR, al apoyar a nuestros organismos estatales de la seguridad y a las fuerzas armadas.

Los rivales no se tranquilizaron. Habría más combates, más víctimas entre nuestra población. Jamás bajamos la guardia ni nos rendimos y supimos asestarles duros golpes. Los miembros de la organización en primera línea.

La pelea continúa. Sea frente a la belleza mentirosa al estilo del Caballo de Troya o del Caracol Gigante Africano o a vientos huracanados de corte fascista como las de la administración estadounidense de Donald Trump. Mientras exista el imperialismo, se mantendrá.

Los CDR batallan cada vez más para adaptarse a la etapa, sin perder de vista a los enemigos estén donde estén, si se manifiesten cual explosión o sinuosamente; estos son los peores.

Sus dirigentes deben guiar de acuerdo con las condiciones actuales, manteniendo la esencia, lejos del extremismo y la blandenguería para evitar que estos males faciliten los pasos de la perversidad.

Fidel Castro esclareció en el acto por su primer aniversario: “Que en el barrio vean al Comité de Defensa, todos los ciudadanos, como una organización que es amiga, como una organización que está dispuesta a ayudar aunque está dispuesta a actuar con toda la energía que sea necesaria cuando se lo ordena la Revolución”. Lo reafirmó en el mensaje enviado con Raúl Castro al acto por el cumpleaños 45 de la organización de masas.

Esa amistad tiene que ser todavía mayor en tiempos tormentosos. La organización se creó para defender el proceso, y eso es muchísimo más que  hacer una guardia.

Misión trascendente: evitar que lo que nos queda de selva, ahora incrementada por factores externos, sobre todo, se trague a las personas. Indispensable: prever, proteger y unir. El ejemplo por delante, aunque no basta para llevar a pensar como país.

Como señaló Martí: “Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas (…). Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, alzando por el cuello a los pecadores”1.

Ese alzar no quiere decir asfixiar. Hay que convencer, salvar, llegar a la vergüenza con hechos y palabras convincentes. Preocuparse y ocuparse de los más debilitados y, si alguien ha caído en fauces horribles, situar lo más puro del alma para rescatarlo.

Somos amigos. Lo que no significa permitir el desempeño contrarrevolucionario, la corrupción, la venta de drogas, el aprovechamiento de la situación enlazado a Don Dinero, el soslayamiento de la solidaridad, los rumores mentirosos, la proliferación del pesimismo y del zanjonerismo cuando aquí siempre tiene que brillar Baraguá.

Cita bibliográfica:

1José Martí, periódico Patria, 14 de abril de 1894.

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