La casa de familia

Foto: Archivo Radio COCO

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Muchos individuos coinciden plenamente con el sentir de José Martí, el hombre de La Edad de Oro, al expresar que “no hay palacio mejor que la casa de familia”.

También se suman al criterio de Federico Engels, quien, junto a la tumba de Karl Marx, significó que el ser humano antes de hacer ciencia, arte, política y religión necesita alimentarse, vestirse, calzarse y tener un techo para cobijarse.

Si de la casa se trata, ambos criterios, desde diferentes puntos de vista, poseen acertados basamentos. La vivienda resulta una de las necesidades básicas, imprescindible para la vida de las personas.

En el mundo actual, en una gran cantidad de países, las familias de clase media generalmente no poseen viviendas propias y utilizan espacios alquilados para su permanencia.

Esas circunstancias generan inestabilidad e inseguridad para la mayoría, mientras que la minoría son dueños de numerosos inmuebles, incluso de edificios, repartos y condominios.

Esa realidad también existía en Cuba antes del primero de enero de 1959, y era especialmente crítica en los campos, en los que el desalojo forzoso era un hecho cotidiano que marcaba el sufrimiento del campesinado.

Esas razones asistieron al joven abogado Fidel Castro Ruz para denunciar en su histórico alegato de autodefensa La historia me absolverá la situación de la vivienda como uno de los cinco problemas más graves que sufría el pueblo de Cuba, por lo que urgía cambiar esa realidad.

Durante éstas casi seis décadas de Gobierno revolucionario, por encima de las limitaciones materiales que impone el bloqueo de los Estados Unidos y de otras situaciones adversas, se han construido decenas de miles de viviendas en la nación caribeña, aunque se está lejos de satisfacer tan sensible demanda.

En Cuba, gracias a la obra de la Revolución, una buena parte de las familias posee el documento de propiedad o titularidad de su domicilio.

En cambio, tienen entre las preocupaciones que les urgen la limitación de materiales para dar mantenimiento a sus inmuebles, efectuando oportunas acciones de conservación.

También existen insatisfacciones en cuanto a la ejecución de otras por esfuerzo propio, con el fin de que hijos y nietos puedan independizarse y convivir sin hacinamiento con sus nuevas familias.

El Estado cubano tiene entre sus prioridades una política coherente acerca del programa de la vivienda, en pos de satisfacer las demandas siempre crecientes de la población, teniendo en cuenta que, como expresara Martí, “no hay palacio mejor que la casa de familia”.

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