La historia de una mujer cubana

Ana Pérez González, una incansable combatiente, que cumplió este primero de mayo sus 75 primaveras. Foto: Enviada por la autora

Ana Pérez González, una incansable combatiente, que cumplió este primero de mayo sus 75 primaveras. Foto: Enviada por la autora

Si para todos los sectores del pueblo cubano la celebración del primero de mayo de 1959 fue expresión del goce de las libertades y derechos recién conquistados, y muestra de lo que significaría en lo adelante para la Revolución la unidad popular, mucho más y de manera especial, lo fue para la mujer trabajadora.

Aquel primero de mayo, sellaría por siempre el cierre de un pasado oprobioso y discriminatorio, doblemente sufrido por las mujeres que salían del hogar, a laborar en  busca del sustento para su familia, y sería además, expresión evidente del cambio y el devenir de la emancipación, que ellas mismas comenzarían a protagonizar.

Así lo confirma la historia contada por Ana Pérez González, una incansable combatiente, que cumplió este primero de mayo sus 75 primaveras, quien integró el Movimiento 26 de Julio en La Habana desde los 14 años, y fue interventora de su propio centro de trabajo en el municipio capitalino de Guanabacoa, al triunfo revolucionario:

“Comencé a trabajar a la edad de 10 años, mi papá se había quedado sin trabajo, y yo que era la mayor de los cuatro hermanos, tuve que empezar a trabajar de criada o doméstica limpiando pisos; más adelante mi padre por mediación de unas amistades, me consiguió trabajo en una fábrica de sobres que estaba en San José y Cruz Verde, aquí mismo en Guanabacoa, ahí estuve trabajando hasta el triunfo de la Revolución”.

Ante el cambio de aquel enero luminoso, Ana se da cuenta que los trabajadores de su taller deben organizarse sindicalmente, y se empeña en fundar una sección del sindicato en su colectivo laboral, para defender sus derechos, pues ella misma había sido víctima de abusos, que muy vívidamente ahora recuerda:

‘‘Me sentía oprimida por los dueños, porque ellos decían que yo era de las nuevas, para pagarme menos, cuando en realidad llevaba varios años trabajando”… Me pagaban un peso y 50 centavos a la semana, a cobrar el sábado a las tres de la tarde, aunque  terminábamos a las 11:00 a.m esa jornada’’.

Era esta una manera de explotar laboralmente a los niños, los jóvenes, las mujeres, o los negros, irrespetando sus derechos laborales y sociales, que se aplicaban a capricho de la burguesía.

Pero llegó pronto la etapa en que el proceso revolucionario comenzó a intervenir las empresas de la burguesía cubana que, definitivamente se alinearía junto a Estados Unidos prestándose a maniobras de sabotaje económico.

De aquella etapa, nuestra testimoniante recuerda: “yo solicité la intervención de mi fábrica, me llevaron entonces a una reunión con el Ministro de Trabajo, y  de ella salí con las llaves hasta que viniera el interventor. Estuve por espacio de 15 días llevando la empresa, pero el hijo de la dueña y uno de sus capataces, siguieron trabajando en el taller y no me obedecían, decían que no les podía mandar porque era mujer, provocaron problemas, rompían las cuchillas de las guillotinas de cortar el papel, le introducían pedazos de hierro y las cuchillas al cortar el papel explotaban”.

Entre fotos, anécdotas, recortes de periódico, y evocación, vimos desfilar cada una de las facetas vividas por la Ana luchadora clandestina, miliciana y combatiente del Ministerio del Interior. Foto: Enviada por la autora

Entre fotos, anécdotas, recortes de periódico, y evocación, vimos desfilar cada una de las facetas vividas por la Ana luchadora clandestina, miliciana y combatiente del Ministerio del Interior. Foto: Enviada por la autora

El intenso azul de los ojos de Ana Pérez González, que ni la ancianidad ha podido apagar, brilla más con los recuerdos emocionantes del primer desfile del Día  Internacional de los Trabajadores en 1959, una vez derrocada la dictadura batistiana; entonces era ella una hermosa muchacha de 20 años, pero ya formaba parte de esa gran masa de obreros, estudiantes, soldados, campesinos e intelectuales, que fueron hacia la plaza cívica y por más de 14 horas estuvieron concentrados.

De ese día recuerda: “íbamos con banderas cubanas y del 26 de Julio, gritando consignas, de ¡Viva Fidel!, había tremendo entusiasmo; por primera vez podíamos expresarnos libremente, mostrar nuestra razones, y el apoyo al proceso revolucionario que recién había comenzado”.

La historia de Ana Pérez González sintetiza la vida y obra patriótica de millones de cubanas en la construcción del Socialismo, antes carentes de derechos y sin futuro para los humildes como ella, que eran mayoría en la Isla, 55 años atrás.

Cuando la conocimos, en su casa de calle B, en el reparto el Roble, de Guanabacoa, sentimos el orgullo de estar frente a una mujer que no vivió al margen de las luchas sociales de su adolescencia y juventud en Cuba, sino que las protagonizó como otras heroicas mujeres, cada una con  un rol en la lucha por la libertad ;ella aún se emociona cuando mira sus fotos juveniles, con aquellas amplias faldas debajo de las cuales trasladaba, en bolsillos escondidos entre sayuelas, armas, medicinas y mensajes, que Lidia Doce y Clodomira Acosta, las mensajeras de la Sierra Maestra, llevaban a la comandancia rebelde, desde La Habana.

Esta cubana, cálida y sencilla que ama a Fidel con delirio, sigue planificando actividades, a pesar de sus años, con la Federación de Mujeres Cubanas y  para que vuelvan a su patria los Cinco Héroes.

Entre fotos, anécdotas, recortes de periódico, y evocación, vimos desfilar cada una de las facetas vividas por la Ana luchadora clandestina, miliciana, combatiente del Ministerio del Interior, trabajadora del sindicato de los gráficos, y Marina Mercante y Puerto; administradora de centros de comercio en su terruño, sin olvidar el hogar y la familia; al mismo tiempo cederista destacada, alfabetizadora, federada, y fundadora del Partido Comunista de Cuba.

La historia de Ana Pérez González sintetiza la vida y obra patriótica de millones de cubanas en la construcción del Socialismo. Foto: Enviada por la autora

La historia de Ana Pérez González sintetiza la vida y obra patriótica de millones de cubanas en la construcción del Socialismo. Foto: Enviada por la autora

Esta hija predilecta de la Villa de Pepe Antonio, que tanto esfuerzo aportó, social y laboralmente a su municipio y al país, se abstrae como si marchara en medio de un mar humano en la Plaza de la Revolución, desfilando como tantas veces frente al monumento del Apóstol, y nos dice el mensaje que ahora desea trasmitir de acuerdo con la actual coyuntura económica y política de la nación: ‘‘A los trabajadores cubanos…¡atrás ni un paso, adelante… mucho!’’.

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