La hora cubana

La hora cubana es muy graciosa. Cada cubano tiene un arsenal de chistes sobre cómo se violan los horarios. Hay expertos en quebrantar horarios establecidos, que dominan todas las técnicas de hacer esperar, de las aperturas dilatadas o de los cierres urgentes.

La hora cubana es muy graciosa. Cada cubano tiene un arsenal de chistes sobre cómo se violan los horarios. Hay expertos en quebrantar horarios establecidos, que dominan todas las técnicas de hacer esperar, de las aperturas dilatadas o de los cierres urgentes.

Los cubanos tenemos una hora diferente a la del resto del mundo, que no tiene que ver con la oficial que marcan los meridianos que atraviesan nuestro país, sino con la manera en que fijamos los horarios.

Tal vez en ningún lugar del mundo los horarios sean tan flexibles como aquí. Y es que, aunque suene duro, en Cuba no se respeta la hora.

La hora cubana no es exacta. Por ejemplo, una reunión prevista para las ocho de la mañana puede comenzar a las nueve. Un turno para las ocho y media en cualquier hospital puede ser en realidad para las once.

Las tiendas y otros establecimientos que prestan servicios son los reyes del irrespeto a los horarios. Si tal lugar dice que abre a las nueve, nunca lo hará antes de las nueve y cuarto; y si cierra a las cinco, a las cuatro ya las tenderas tienen cajas cuadradas y están barriendo el piso para adelantar.

Una costumbre muy arraigada en las entidades que prestan servicios, es la de cerrar por cualquier motivo y sin previo aviso. Las causas van desde inventarios, el aire acondicionado roto, la falta de almuerzo, de electricidad, de agua, el Día de los Padres o de las Madres o la llegada de mercancía a cualquier hora.

Y ni qué decir de los centros que prestan servicios las 24 horas. Al parecer lo que no aclaran es que esas 24 horas están divididas en dos días, porque llegas después de las 12 de la noche y ya no hay servicio alguno.

El tiempo es muy flexible también para los jefes porque así tiene que ser, lo que muchos lo entienden al revés. Pasan las horas laborables de reunión en reunión, nunca están en sus puestos, no responden el teléfono, ni atienden a sus trabajadores. Un jefe, en buena lid, no tiene hora para trabajar porque su responsabilidad es de 24 horas.

¿Y qué me dicen de las oficinas donde los horarios de almuerzo son de dos horas o más? ¿Fulana está?, pregunta una persona a las 11 de la mañana. No, fue a almorzar, responden. Es lógico, debe alimentarse, se dice la persona. Espera una hora y vuelve a alzar el teléfono. ¿Fulana está? No, está almorzando, le vuelven a decir. Entonces la persona reflexiona que quizás había cola y espera otra hora más para llamar de nuevo. Pero luego le dicen que sigue almorzando y no queda más remedio que pensar que fulana está embarajando.

Hay personas que le han cogido la vuelta a la hora cubana y si tienen que citar para un encuentro, lo hacen con media hora de antelación, “para que la gente llegue a la hora que yo quiero”, explican.

Adivinar la hora cubana es muy difícil. A veces llegas muy temprano y debes esperar, y en otras te atrasas un poco y ya se fue todo el mundo. ¿Quién entiende a la hora cubana? (Foto: http://lateclaconcafe.blogia.com)

Adivinar la hora cubana es muy difícil. A veces llegas muy temprano y debes esperar, y en otras te atrasas un poco y ya se fue todo el mundo. ¿Quién entiende a la hora cubana? (Foto: http://lateclaconcafe.blogia.com)

Adivinar la hora cubana es muy difícil. A veces llegas muy temprano y debes esperar, y en otras te atrasas un poco y ya se fue todo el mundo. ¿Quién entiende a la hora cubana?

Pero los cubanos tampoco tenemos hora para llegar de sopetón a la casa de amigos y familiares, como tampoco tenemos hora para irnos, o para terminar una fiesta.

Es la hora cubana la que hace que los cubanos carguemos con el estigma de impuntuales, o quizás, viéndolo en sentido contrario, es la impuntualidad de los cubanos la culpable de que exista una hora cubana inexacta y retrasada.

¿De dónde nos viene esta hora cubana? Hay quienes afirman que la hora cubana está relacionada con el clima tropical, con este calor sofocante de casi todo el año que hace que las personas se relajen y que vean la vida con menos formalidad. Otros aseguran que es simplemente indisciplina o modorra.

La hora cubana es muy graciosa. Cada cubano tiene un arsenal de chistes sobre cómo se violan los horarios. Hay expertos en quebrantar horarios establecidos, que dominan todas las técnicas de hacer esperar, de las aperturas dilatadas o de los cierres urgentes.

Claro, que no es graciosa la hora cubana cuando nos hace perder el tiempo; cuando nos roba esa parte del día que debíamos dedicar a otra cosa. ¡Y como hace sufrir la hora cubana a los puntuales!, seres raros que aquí tienen dos opciones: ¡se adaptan o perecen!

Pero no siempre es mala la hora cubana. Los cubanos tampoco tenemos hora para tender la mano, para salir en auxilio de alguien, para salirle al paso a las injusticias corriendo o pegarnos duro al trabajo cuando hace falta.

Nos guste o no, la hora cubana es una de San Antonio a Maisí, una hora que no cree en relojes porque es cualquiera, atrasada o adelantada, oportuna o inconveniente; pero extrañamente exacta.

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