
Las mujeres cubanas durante la Campaña de Alfabetización. Foto: Granma.
La primera gran obra educacional que se desarrolló en Cuba después del triunfo revolucionario de enero de 1959 fue la Campaña Nacional de Alfabetización, la cual movilizó a una parte del pueblo hacia los lugares más intrincados del país.
Los jóvenes brigadistas Conrado Benítez, en su mayoría adolescentes, dieron el paso al frente para llevar adelante la epopeya que dejó como resultado casi un millón de cubanos que dejaron para siempre atrás la ignorancia y tomaron el camino del conocimiento.
Desde aquellos momentos se puso en lo más alto el nombre de la mujer cubana, una de las protagonistas de la misión.
A ello se unieron los maestros voluntarios, en su mayoría féminas, muchas de las cuales estudiaron magisterio después de 1959 en Minas del Frío, Sierra Maestra, en condiciones de vida y trabajo difíciles, aunque eso no fue obstáculo para desarrollar de manera óptima la tarea.
A partir de entonces lideraron un sin números de cursos en la mayor de las Antillas que tenían como objetivo elevar el nivel educativo y cultural de la población; constituyó el primer despegue de un desarrollo educacional que con el paso de los años ubicó a la nación caribeña en un lugar cimero en el mundo.
Con satisfacción, el archipiélago cubano se transformó en una gran escuela que trajo a las campesinas a estudiar a La Habana; otros muchos desarrollaron estudios de seguimiento y alcanzaron primero el sexto grado y más tarde el noveno en las facultades obreras y campesinas.
En la década de los 60 también se introdujo en el país el conocimiento a los niños desde las edades más tempranas a través de los círculos infantiles y el programa Educa a tu hijo, liderados por mujeres con el objetivo de desarrollar al máximo sus potencialidades en diversos campos.
El anterior resultado ha sido elogiado por varias instituciones internacionales, entre las que figura el Fondo de las Nacionales Unidas para la Infancia (Unicef).
Por su parte, la educación superior inició un camino indetenible; se llenaron las universidades a la manera de Julio Antonio Mella: “para todo el pueblo”, y la presencia fue masiva de quienes aspiraban a egresar de las casas de altos estudios.
Con una presencia mayoritaria de mujeres continuó el saber y comenzó la formación de posgrado; crecieron las cifras de máster y doctores en Ciencias, así como los cursos de habilitación, con el propósito de elevar la calidad de los profesionales que egresaban de las universidades para trabajar en las esferas de la producción y los servicios.
También se incrementaron de forma vertiginosa en esos centros las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, lo que representó un avance en el campo educacional.
En estos momentos, el trabajo del Ministerio de Educación Superior está encaminado a lograr la excelencia de las carreras y el mejoramiento de los programas de estudios.
La educación cubana se perfecciona para elevar aún más la calidad del aprendizaje; en este sentido la preparación de los maestros es esencial para alcanzar mayor calidad de las clases.
Miles de educadoras darán su aporte para seguir en la vanguardia del desarrollo educacional cubano, así quedará demostrado una vez más el próximo curso escolar.

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