
Marta Martínez. Foto: Nuria Aguilera Zayas
Tal vez porque el amor es sensibilidad, fuerza y constancia, para Martha Martínez no es nada difícil estar involucrada en tantos empeños a la vez y es que nacida en una fecha tan especial como el 14 de febrero esta virtuosa mujer festeja este martes el aniversario 73 de una existencia pródiga, intensamente vivida, para provecho de su familia y la sociedad.
A esta conclusión llegué cuando, después de varios años de escasos contactos del oficio, un día me asomé a su vida y descubrí que tras los desenfadados modos de su campechano carácter, esta humilde mujer esconde un mundo de sueños, algunos consumados y otros por realizar, de manera que entre unos y otros, un ser humano común necesitaría más de una vida para materializar.
Caramba Martha, le comento, tanto corretear juntas detrás de la noticia y resulta que ahora la noticia eres tú.
Y es que para quien dejó sus primeros 15 febreros en las plantaciones de café de su natal San Luis para convertirse en maestra voluntaria de la Campaña Nacional de la Alfabetización, egresar como cuidadora a domicilio de una de las escuelas creadas por Celia Sánchez en La Habana y laborar por varios años en las Tropas Guardafronteras, lo andado era solo el inicio del camino, pues después trabajó como taquígrafa en diferentes dependencias y hasta la actualidad se desempeña como corresponsal voluntaria de prensa.
Es también fundadora de los proyectos culturales comunitarios de modo que, primero en la barriada de Buena Vista, en el municipio Playa, ahora en el consejo popular Pocito-Palmar del territorio de Marianao, desde hace 35 años se esfuerza por sazonar con su amor, sensibilidad artística y sapiencia la formación multifacética de los pequeños que tienen la suerte de ser sus vecinos.
Qué decir del proyecto cultural comunitario Retafan, donde junto a un grupo de féminas de la demarcación, desde la técnica del parche, cambian el color a la vida a partir de las multicolores imágenes que logran con los retazos de telas, convertidos en verdaderas obras de arte.
Rostros negroides llenos de folcklor y cubanía, junto a otros trabajos de temática espiritual y ambientalista conforman la muestra Puntadas por la vida de ese grupo de talentosas mujeres que en espera de nuevas exposiciones adornan las paredes de Martha.
Sin embargo, una de sus obras más preciadas es, sin dudas, la bandera cubana, cuya réplica en acrílico fue donada por la infatigable creadora a Gerardo Hernández Nordelo, durante un intercambio con el héroe antiterrorista cubano en la Oficina de las Naciones Unidas en La Habana.
La fragancia del amargo café cubano la retorna a su infancia y me bebo sorbo a sorbo su simpático anecdotario guajiro. Sonríe picaresca al recordar las canturías juveniles, cuando hasta un velorio era un motivo suficiente para quebrar la apacible quietud de la serranía santiaguera:
“(…) Ese lunar que tienes cielito lindo junto a tu boca, (…) no se lo des a nadie cielito lindo que a mí me toca (…)”.
Me despido. Ella queda en su cálido hogar de la calle 61 en Marianao, rodeada de libros, tapices y recortes, agenda y grabadora dispuestas en la pequeña mesa y en las manos la aguja enhebrada para seguir hilvanando sueños, mientras en la pared las manecillas del reloj la invitan a apretar el paso para acompañar a su desbocado corazón sanluisero.
Ahora entiendo por qué Martha vive tan deprisa, como si vivir fuera tomar apuntes de taquigrafía.

Marta muestra uno de sus trabajos.

Su amor por los animales.

Marta junto a la periodista Nuria Aguilera.

Junto a sus alumnos del proyecto comunitario La Edad de Oro.

Los niños de la comunidad le demuestran su afecto a Marta.

