La Vilma de Cuba, nuestra Vilma

Vilma Espín GuilloisCuando Vilma Espín, allá por los años 50 del siglo XX, se incorporó a la lucha clandestina en su natal Santiago de Cuba no debe haberse imaginado siquiera que su vida llegaría a tomar la relevancia que alcanzó. Además, su modestia seguramente impidió que este pensamiento pasara por su mente.

Nunca imaginó siquiera que hoy, a seis años de su desaparición física, seguiría siendo recordada como “la siempre presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas”; ni que su idea de crear los círculos infantiles llegaría a tener resultados tan importantes para las madres trabajadoras de Cuba.

Mucho menos debe haber creído a alguien que le dijera: “Vilma, una competencia de béisbol va a llevar tu nombre”; ni que su casa de San Jerónimo, entre Calvario y Carnicería, en el mismo corazón de Santiago de Cuba, se convertiría en memorial y lugar de encuentro para féminas cubanas y extranjeras.

Desde su etapa estudiantil Vilma se proyectó con posiciones políticas revolucionarias, participando activamente en manifestaciones estudiantiles luego del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 con el que Fulgencio Batista usurpó el poder constitucional para convertirse en uno de los dictadores más sangrientos que reconoce la historia de Cuba.

Fue desde esa etapa que la joven rebelde se convirtió en inseparable colaboradora de Frank País García, uno de los principales líderes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba, hasta llegar a integrar el Movimiento 26 de Julio.

Con el nombre de guerra Deborah fue una notable combatiente clandestina bajo las órdenes de Frank, especialmente durante el alzamiento del 30 de noviembre de 1956 con el que se daría cobertura al desembarco del yate Granma en el que Fidel Castro, acompañado por otros 81 expedicionarios, desembarcaron en la región oriental de la isla para formar el Ejército Rebelde.

Mas tarde, ante el inminente peligro de ser asesinada por los sicarios del régimen batistiano, Deborah tuvo que dejar la clandestinidad e incorporarse a la lucha armada en la Sierra Maestra.

Al Triunfo de la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959, Vilma trabajó en la integración de las organizaciones femeninas existentes para formar la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada el 23 de agosto de 1960, la que dirigió hasta su deceso el 18 de junio de 2009.

Militó en el Partido Comunista de Cuba (PCC) y formó parte de su Comité Central y en 1980, en ocasión del Segundo Congreso del PCC, fue elegida miembro suplente del Buró Político de esa organización, para luego quedar como miembro efectivo hasta 1991.

La Heroína de la República de Cuba, fue también diputada a la Asamblea Nacional desde su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado desde su constitución. Presidió desde su creación la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la igualdad de derechos de la Mujer, de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones, títulos y órdenes nacionales e internacionales.

Pero, más allá de su impecable trayectoria política, está la Vilma mujer, sensible y amorosa, sencilla y carismática, que gustaba de cantar ¡y lo hacía muy bien! que amaba la Química como profesión y a los niños como vocación, pero que, ante todo, amaba a su Patria y por ella puso en riesgo su vida y sacrificó cualquier aspiración personal.

Esa es la Vilma de Cuba, nuestra Vilma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *