
No hay algo más reconfortante que ver a los niños cuidar una planta, o tratar con amor a su mascota, sobre todo, porque la bondad se asoma a los ojos de los pequeños.
En la Edad de Oro José Martí llamó a los niños y a las niñas, los caballeros y las madres de mañana, y dijo, además, que: “sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz”; otra de sus frases dedicada a ellos señala: “nunca es más bello un niño que cuando trae en sus manos de hombre fuerte una flor para su amiga”.
El más universal de los cubanos se refiere en su última afirmación a una actitud propia de niños educados y amables, quienes seguramente crecieron en hogares armoniosos, donde no se descuidó ni un momento su educación.
No hay algo más reconfortante que ver a los niños cuidar una planta, o tratar con amor a su mascota, sobre todo, porque la bondad se asoma a los ojos de los pequeños; es entonces cuando tenemos la certeza de que al crecer serán personas piadosas; sin embargo, es recomendable conocer que la educación de la benevolencia y del amor en general hacia las personas y otros seres vivos, debe de empezar desde las edades más tempranas.
Quizás algunos se pregunten cómo fomentar en los pequeños de la casa esos sentimientos que los enriquece como seres humanos; “es imprescindible que vivan en una familia donde se respira una atmósfera de comunicación positiva”-afirman psicólogos y maestros-.
A todos nos es cada día más difícil seguir el impetuoso ritmo de la vida y por lo general falta el tiempo para detenernos y meditar sobre las acciones y palabras de los niños. Sin embargo, no podemos esperar del adolescente y del joven acciones correctas, si los cimientos morales no se colocaron en la infancia.
El amor por el arte también se enseña desde la casa. La vida persuade de que la incapacidad para percibir la belleza, la indiferencia ante las obras de arte, la imposibilidad de disfrutar de la presentación de un ballet, así como, la ausencia de un punto de referencia estético en algunos jóvenes se deben precisamente a que sus padres no dedicaron atención a ese aspecto de la educación.
Al inculcar a los niños el amor por el arte le brindamos el contacto con una fuente de riquezas espirituales maravillosas, que perdurarán toda la vida, independientemente de la futura profesión que elijan.
Un hogar será inspirador de buenos sentimientos en los más jóvenes, cuando los mayores son atentos entre ellos, se preocupan por su salud y asuntos laborales, a la vez que comparten en armonía las labores hogareñas.
