El lenguaje: con picardía, pero sin banalidad

Foto: Internet.

Foto: Internet.

Históricamente la utilización de jergas, frases y refranes del argot popular ha marcado la creación artística de las sociedades y, a su vez, las personas han popularizado términos que en un primer momento los promovieron las diferentes manifestaciones del arte y canales de información.

Ello permite evidenciar el carácter recíproco de la comunicación y el efecto que tiene en las comunidades.

El creciente bombardeo de la industria cultural y la evolución de la producción artística en Cuba son puntos claves en un tema que, con el paso del tiempo, se vuelve más complejo: el lenguaje.

Cada día aparecen nuevos vocablos, frases y significados que más allá de favorecer el buen desarrollo de la comunicación, crean barreras para el entendimiento entre los propios coterráneos y conforman representaciones desacertadas de la imagen de cubanos y cubanas.

Primero se debe partir del concepto de lenguaje, el cual puede ser entendido como un recurso que hace posible la comunicación, y brinda la posibilidad de seleccionar, citar, coordinar y combinar concepciones diversas. Existe tanto el culto como el grosero, el coloquial o el técnico.

Si bien es cierto que el doble sentido y la picardía forman parte de la cotidianidad de los cubanos, es inminente revertir el lenguaje grosero y vulgar que ya cuenta con una gran cantidad de promotores en la sociedad.

Es hora de cambiar los asere que bolá por un buenos días, el puro por padre, el baro por dinero, echar un p… por hacer el amor, fiana por policía, gao por casa; en fin, es necesario retomar los buenos modos de decir para a partir de ahí lograr cambios de conducta.

Una de las principales vías en la expansión de este fenómeno, es la música, pues desde esta se implantan tendencias tanto en el vestir, hacer, como decir que en los últimos tiempos, además, vienen reproduciendo cánones de discriminación hacia la mujer que las relegan a roles sexuales y de sumisión.

Este tema se complejiza cada vez más, pues es evidente la confrontación entre la tradición y la modernidad, donde las nuevas tendencias, muchas veces cargadas de lo burdo, ganan más terreno.

Como dice un antiguo refrán, las palabras son ráfagas de viento que al propagarse pueden producir frutos, pero también daños y ruina. Por eso, es necesario revisar ese lenguaje que es nuestra carta de presentación entre los connacionales y ante el mundo.

Resulta importante evitar que pongan etiquetas que no se ajustan a lo que es la cultura cubana. Aún vale más un te quiero que un te descargo, un con permiso que un echa pa allá o un adiós a un nos cogemos.

Lo ideal sería que la picardía y la cubanía nunca sean sinónimos de la banalidad y la chabacanería que actualmente usurpan tanto tiempo y espacio de lo cotidiano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *