
Foto tomada del Blog de Nanos.
Los niños son la alegría de las familias, por lo que al igual que hay que preocuparse por su salud, también debemos ocuparnos de su educación desde las edades más tempranas, con el propósito de que al crecer sigan siendo motivo de orgullo y satisfacción para todos, fundamentalmente, para ellos mismos y la sociedad a la que pertenecen.
Son muchas las cosas que se les deben de enseñar, y es importante que los padres y los maestros lo hayan aprendido antes, con el sentido de bienestar que reporta por ejemplo observar la naturaleza, sus animales y flores; inculcarles la piedad por los desvalidos, ser amables con los ancianos y discapacitados, y otras virtudes entre las que sobresale ser buenas personas.
Viene a la mente el actuar de los pequeños en las últimas vacaciones por la sencilla razón de que algunos progenitores los mandaban a jugar afuera de sus viviendas y abandonaban el control de sus acciones.
En ese contexto sacrificaron cuanta lagartija o mariposa se les ponía delante; molestaban con sus gritos a los vecinos y además estrellaban botellas de cerveza que los indolentes dejaban botadas en las calles luego de ingerir el líquido, algo que resultaba peligroso para ellos y la comunidad.
Cuando están en la primera infancia, algunos progenitores les enseñan a los menores algunos comportamientos que al tener cortas edades parecen graciosas, sin embargo, cuando las dicen de mayores, les hacen pasar vergüenzas y críticas.
De lo anterior se deduce que todo debe realizarse con cuidado; no hay quien les gane a los niños haciendo travesuras, pero propias de sus edades; a los padres corresponde leerles cuentos, enseñarles juegos, llevarlos de paseo y poner en sus manos otros entretenimientos sanos y agradables que llenen sus espacios libres.
Nada de lo mencionado tiene que ver con las perretas, la falta de respeto a los mayores, abuso con los perros y gatos, persecución de pajaritos, y destrozos de plantas, actitudes que estos no les censuran y explican por qué no se deben de hacer.
La vida le pasa la cuenta a cada uno de los involucrados en la historia anteriormente contada cuando llega la hora de que el infante ingrese al círculo infantil o al preescolar en la escuela.
“El mayor daño que se le puede hacer a un niño es no darle educación”, afirmaba con razón el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz.
En ello deberán pensar más algunos padres y otros familiares indiferentes a la educación de sus hijos.

