Los círculos infantiles: una necesidad para la Revolución

Foto: Internet.

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Los círculos infantiles constituyen los espacios ideales para educar a los niños de la primera infancia, día tras día los padres dejan a sus seres más preciados en estas instituciones, con la confianza de que allí recibirán conocimiento y cariño.

Esta reflexión parte luego de analizar que en estos centros educativos los pequeños reciben una formación integral, además de hábitos y habilidades idóneos para su desarrollo físico y mental.

Perdura para siempre lo aprendido en el círculo infantil, como las palabras mágicas: gracias, por favor y buenos días, al llegar a la institución temprano en la mañana.

Comer sin ayuda de los adultos y lavarse por sí mismos los dientes luego de cada comida, son actividades que les aportan a los infantes independencia, de ahí que forman parte del aprendizaje.

No hay dudas de que quienes asistieron a los círculos infantiles nunca olvidarán esa etapa de sus vidas.

Los sabores propios del horario de la alimentación, el olor agradable del jabón al bañarlos, las comidas propias de sus edades, como las natillas y otros platos nutritivos, en fin.

También recordarán la hora del sueño en catres de pequeños tamaños, así como la insistencia de las educadoras para que descansaran al mediodía para de esa manera recuperar sus energías.

Una de las mayores satisfacciones de las seños, como se les conoce a las educadoras en Cuba, es ver crecer a los niños. Al pasar los años, aquellos infantes devenidos hombres y mujeres, las saludan en las calles porque las recuerdan con cariño.

Con 58 años y siguen siendo una obra hermosa

Los círculos infantiles nacieron el 10 de abril de 1961, precisamente este miércoles cuando se celebra su aniversario 58, siguen siendo una de las obras más hermosas y perdurables de la Revolución.

En sus inicios estas entidades no solo coadyuvaron a la educación de los infantes, sino que favorecieron la incorporación de las mujeres a la vida laboral, y aún en la actualidad cumplen este objeto social.

Así lo concibió su creador, el Comandante en Jefe Fidel Castro, idea materializada por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), bajo la guía de su presidenta fundadora, Vilma Espín.

Un día como hoy, 58 años atrás, abrieron sus puertas oficialmente los tres primeros círculos infantiles en Cuba: el Camilo Cienfuegos, el Ciro Frías y el Fulgencio Oroz, todos localizados en La Habana, aledaños a barrios pobres e insalubres.

Para ayudar al joven Gobierno a edificar estas instituciones, la también recién nacida FMC puso en práctica múltiples iniciativas con el fin de recaudar fondos, tal fue el caso de la celebración de ferias y tómbolas, la emisión de sellos y la impresión de postales.

Los círculos infantiles comenzaron con un personal compuesto, fundamentalmente, por domésticas, amas de casa, y muchachas campesinas que venían a estudiar a la capital cubana. En todas ellas prevalecía el amor por los niños.

Se atendían pequeños desde 45 días de nacidos hasta los seis años de edad, los cuales recibían atención pedagógica, médica, estomatológica y oftalmológica, de enfermería, alimentación y vestuario, entre otros beneficios.

Al principio solamente los cuidaban, pero la meta era más ambiciosa: educarlos. Por ello el Estado cubano dio los pasos para la superación de quienes trabajaban en esas instituciones.

“El círculo infantil es una necesidad de la Revolución misma, y surge con la Revolución misma”, así lo valoró Fidel Castro Ruz en un programa especial sobre los círculos infantiles, ante las cámaras de televisión el 24 de abril de 1962.

Y así seguirán siendo los círculos infantiles, una obra necesaria para el futuro de Cuba y sus infantes, pues como afirmó el líder histórico de la Revolución, “los niños son el tesoro más preciado que tiene la nación y hay que cuidarlo”.

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