En la Edad de Oro, José Martí, el más universal de los cubanos, afirmó con acierto: “Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”.
La frase perdura en el tiempo y mantiene la vigencia porque amados por todos, los niños constituyen, sin dudas, la más valiosa fortuna que atesoramos los habitantes de esta Isla premiada por la naturaleza con su cielo y mar azules, y un sol que resplandece todo el año.
Por eso no extraña que el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) destaque desde hace años, la atención que se da en la Mayor de las Antillas a los derechos de los niños; también la voluntad política en su protección, lo que constituye un ejemplo para el mundo.
La nación caribeña es hoy vanguardia en América Latina en la prevención y protección de los más pequeños, y sobresale la salud y la educación de forma totalmente gratuita y accesible para todos.
Que satisfacción ver que los niños asistan a sus escuelas donde se respira un ambiente de conocimiento y tranquilidad, alejados de las drogas y otros flagelos que ponen en peligro sus vidas; asimismo están protegidos desde que nacen contra 13 enfermedades que en otros países son mortales; ni uno solo está desamparado, y mucho menos trabajan en las calles para ganarse el sustento diario.
Algo a tener en cuenta es que la cobertura educativa en la enseñanza preescolar es del 99,5 por ciento: el país dispone de círculos infantiles, a los que asisten alrededor de 124 mil niños, entretanto, la matrícula del Programa Educa a tu Hijo es de más de 462 mil. La primaria alcanza el 97,7 de la población infantil y todos los infantes y adolescentes entre seis y 15 años de edad, pertenecen a la Organización de Pioneros José Martí.
Otro logro cubano lo constituye la educación especial que, con la excelencia educativa y superación constante de sus profesores, la convierten en un ejemplo para todos. De gran contenido humano son las olimpiadas deportivas donde se promueve la participación de los alumnos con necesidades educativas especiales.
La Isla es, sin dudas, paradigma en el cuidado de su niñez, que vive y crece arropada por la sociedad, para la que no existe nada más valioso que su bienestar.

