La psicología moderna deduce que la sexualidad puede o debe ser aprendida, por lo que la familia no debe forzar a los niños y niñas a adelantarse a un proceso naturalmente concebido por etapas, desde la antigüedad.
Sin embargo, el avance del siglo XXI propone a la humanidad nuevas investigaciones y descubrimientos que no pasan por alto la importancia de los adultos a cargo de la educación de la infancia, sus derechos humanos y anhelos determinados en buena medida por los conocimientos y experiencias específicos que resultan para su óptimo desarrollo en cada fase de la vida.
Razón convincente para abordar cualquier tema e influir en el adecuado modelar delante de los más pequeños, mediante un estilo de vida saludable que incluye la enseñanza a niños y niñas como seres valiosos, que pueden realizar actividades similares y compensarse, gracias a las habilidades desarrolladas durante su relación familiar en el hogar, centro de estudio y comunidad.
La sexualidad o experiencia interna de pertenecer a un sexo (varón o hembra), por ejemplo, se comporta de manera diferente en un niño, adolescente y adulto, pero paralelo a ese sentir es oportuno destacar también el respeto y defensa de la identidad de género, es decir, el deseo de ser y actuar conforme al rol social que determina comportamiento, comunicación, preferencia en el vestir, corte de cabello y relaciones fraternales, entre otras tantas disciplinas cotidianas.
Quizás este sea el preámbulo para detenerse en algo aparentemente sencillo, pero que de manera recurrente hoy afecta el buen transitar (sin atraso ni adelanto) de buena parte de los niños y niñas cubanos guiados por los estereotipos sociales y comerciales de la mano de los padres que, a veces sin darse cuenta, distorsionan la inocencia de los infantes de uno y otro sexo, convirtiéndolos en objeto de atención erótica o modelo de vulgaridad.
El llamado de atención corre por el mundo y Cuba no está exenta de escuchar la voz de la sabiduría, pues no basta disciplinar sino más bien aprovechar cada tiempo y prever la cosecha mientras se siembra en la tierra más fértil que son los niños y jóvenes, a través de una adecuada convivencia en modales, vocabulario y presencia decorosa en cada lugar y momento.
Gracias a las tecnologías y medios de comunicación cada vez se hace más fácil acceder a mensajes, fotografías, anuncios, videos y didácticos referidos a la conciencia de pertenecer e identificarse a una de las categorías de género existentes, aunque el desarrollo precoz de determinados estereotipos sociales influye en los niños mediante papeles que han de representar los miembros de cada sexo durante la adultez.
También algunos autores (Vasta, Haith y Miller, 1996 y Shaffter, 2002) refieren que hacia los dos años de edad, los niños tienen conocimiento de las categorías de género existentes en la sociedad y parece que toman conciencia de su identidad sexual, o sea, adquieren razón del propio sexo biológico; aunque no será hasta los siete años de edad cuando se consolida esta identidad.
Es por eso que en etapas previas los niños aún creerán que, si bien pertenecen a uno u otro sexo, este hecho puede cambiar en función de características o atributos externos tales como los atuendos o la longitud del pelo.
De ahí la importancia de no acelerar en los infantes la imitación exagerada de determinadas tendencias femeninas y masculinas de las sociedades modernas, como es el caso de reflejar a mamá y a papá, mediante la inadecuada adopción prematura de llevar atuendos en el vestir, calzado, maquillaje, decisión para cambio de imagen a partir de tatuajes, color y corte de cabello, postizos y otros artificios.
Definir la identidad y sexualidad puede ser importante para caminar con firmeza por la vida y defender cada sueño de realización humana, pero no debe ser cuestión de imposición, esclavitud de consumo, incomodidad fuera de tiempo y menos aún, la razón de convertir a las nuevas generaciones en el foco de atención para aparentar estar a la moda, a tono con la modernidad o formar parte de la sexualización infantil.
¿Cree usted en el convencimiento individual que parte de la adecuada enseñanza y guía por los valores universales de confianza, respeto, decoro y amor hacia los demás, sin transgredir el natural desarrollo de la vida?


