No al abuso con los animales

Foto: Teresa Valenzuela

Foto: Teresa Valenzuela

El político y pensador indio Mahatma Gandhi (1869-1948) dijo que “la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que tratan a sus animales”.

Por lo general, las mascotas que más se tienen en las casas son los gatos y perros, pero lo cierto es que en muchas no faltan las jicoteas, los pajaritos, ratones blancos y hasta gorriones que con el tiempo se acostumbran a sus dueños y nuevos hogares, además de que resultan una agradable compañía.

Sin embargo, en los últimos tiempos se ve con cierta frecuencia el abuso con los animales, así como la indiferencia ante tan deleznable actitud.

Muchachos que son casi adolescentes lanzan piedras a cuanto animal se mueve en los árboles causándoles un dolor inmerecido; también los dueños de perros de pelea los incitan en contra de los más indefensos como parte de su entrenamiento.

Hace unos días un cachorrito de apenas un año de edad permanecía amarrado por el cuello con un alambre corto a la cerca de una escuela primaria del municipio de la Habana del Este, el cual apenas le permitía moverse.

De color carmelita y ojos claros no se supo con exactitud las horas que estuvo sentado o parado en el breve espacio, en espera de que alguien se detuviera ante él y lo soltara, pero nada sucedía, las personas iban y venían y lo ignoraban; el sol estaba ya bastante cercano al de las 10:00 hora de Cuba.

En eso pasó un joven y se quedó absorto mirándolo con asombro mientras decía   lo bárbara de la acción con el animalito, y cómo en estos tiempos se perdían valores que no tenían en cuenta que aquel ser viviente sufría ante el mal trato que recibía.

Guarda relación con la actitud asumida por determinado individuo con el perro amarrado a la cerca, con la de otros que cuando sus animales se enferman o envejecen los abandonan.

Otros los entrenan y los cogen para pelear con similares, les dan golpes si consideran que tienen un mal comportamiento, o lo mantienen día y noche en un balcón o azotea bajo la lluvia o el sol.

Es lamentable que un país como el nuestro, abanderado de las causas justas no cuente con una ley que proteja a sus animales. Es cierto que desde hace años se hacen esfuerzos por materializar ese objetivo, pero por diferente razones han resultado insuficientes.

El hogar y la escuela pueden contribuir a que los alumnos desde los primeros grados escolares sean bondadosos y les inciten el amor por los animales, ya que al crecer se convertirán en los hombres y mujeres que cuidarán el medio ambiente; ellos serán los protectores de la flora y la fauna que tanto bienestar espiritual ofrece al hombre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *