“Unidad y eficiencia por nuestro socialismo”, será el lema central que enarbolarán los trabajadores cubanos durante la jornada nacional por el Primero de Mayo.
A pocas días de concluido el XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la clase obrera cubana se empeña en continuar enfrentando el cruento bloqueo estadounidense, aprovechando los recursos monetarios y humanos dispuestos para la producción de bienes, servicios e inversiones, sobre la base del ahorro de portadores energéticos, materias primas y la protección del ambiente.
Asimismo, a lo largo de años de combate contra los patrones, compañías foráneas y consorcios financieros, y muy especialmente, en la lucha contra la sangrienta dictadura batistiana que apoyó militar y políticamente a la burguesía explotadora, el proletariado cubano festeja, con el triunfo de la Revolución, el derecho de jugar el papel protagónico de la sociedad, que por derecho propio merece y también rinde homenaje a los mártires de Chicago, aquellos mártires que iniciaron la lucha por la justa causa de la clase obrera.
El establecimiento del día del trabajador cada primero de mayo por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en el año 1889, se convirtió desde entonces en una jornada de lucha reivindicativa y de tributo a la memoria de aquellos sindicalistas que fueron ejecutados por su participación en el reclamo de la jornada laboral de ocho horas.
La historia de batallar y logros de la clase obrera cubana durante todos estos años de iniciado el proceso revolucionario, no puede ser contada en pocas cuartillas; basta mencionar, como punto de partida, la campaña de alfabetización de 1961 que hoy aporta frutos tan importantes como la formación de una sociedad altamente calificada, el acceso al empleo digno, independientemente de su complejidad y el desarrollo de un capital humano de elevada calificación profesional y humana, que aporta sus conocimientos en los servicios médicos para Cuba y para otras naciones.
Logros como la educación y la salud pública gratuitas, tanto para los trabajadores y sus familiares, como para el resto de la sociedad cualesquiera que sea su ideología, color de piel, género, edad o preferencias políticas, también desfilan simbólicamente por las plazas y avenidas cubanas.
Festejan además, la primera gran derrota del imperialismo yanqui en las arenas de Playa Girón en 1961, o el cumplimiento de misiones internacionalistas por la independencia y soberanía de países hermanos, hechos donde abonaron el campo de batalla jóvenes estudiantes y trabajadores, y que la historia ha demostrado la nobleza de esas acciones.
Recientemente el Estado cubano aprobó normas jurídicas destinadas a elevar el nivel de ingreso de los trabajadores a través del trabajo por cuenta propia, y del establecimiento de formas cooperativas de producción no estatales; el incremento salarial a los trabajadores de la salud pública e igualmente para el sector del deporte en todos sus subsistemas.
Al tiempo que en la mayoría de los países los trabajadores reclaman el respeto de sus derechos a un salario justo, al acceso a la educación, a eliminar las desigualdades, o a la justicia social, empleando, en no pocas ocasiones los mismo métodos de los obreros de Chicago, o sea, la protesta pacífica, pero convertida en violenta por las fuerzas oficialistas.
A pesar de la feroz campaña mediática desatada contra Cuba, plegada de mentiras y calumnias, la verdad seguirá emergiendo, y animando la fiesta obrera en la patria de Martí.
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