
Foto: Cortesía de la Red de Universidades en Solidaridad con los Cinco con casa matriz en la Cujae
El mes de diciembre es siempre, en cualquier lugar del planeta, un tiempo muy especial, pues además de las celebraciones de carácter religioso que matizan la temporada, se trata del último mes del año concluye y el preámbulo de otro que está por comenzar.
Para los cubanos es mucho más que eso. Es fecha de recordación de aquel enero de 1959 que cambió el rumbo de la historia en beneficio de millones. Pero como si esto fuera poco, es también el mes cuando recordamos con alegría el regreso a casa, el 17 de diciembre del 2014, de Gerardo, Ramón y Antonio, tres de nuestros cinco hermanos antiterroristas, aportando nuevas motivaciones a los festejos de fin de año.
Era el triunfo de la justicia, del decoro y la dignidad humana; de la verdad sobre la mentira; del bien sobre el mal y del amor sobre el odio. Y cuando creíamos que no faltaba nada que aportara más felicidad a los festejos, entonces llego la pequeña Gema, para anunciar con el simbolismo de su nombre, un tiempo de renuevo.
Y es que desde que en el año 1999 los cubanos conocimos que por salvaguardar a nuestros hijos y a nosotros mismos del flagelo del terrorismo, cinco hermanos permanecían presos en Estados Unidos, los Cinco, como cariñosamente se les conoce, pasaron a formar parte de cada familia cubana.
Hoy el botón florecido del amor de Adriana y Gerardo, que en pocos días cumplirá su primer añito de vida, representa para muchos el brote, el retoño de la lucha por mantener nuestra soberanía. Pero también el inicio de una nueva etapa, la de la restauración de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, iniciada también hace un año sobre la base del respeto mutuo y la convivencia pacífica entre dos naciones vecinas.

Foto: Cortesía de la Red de Universidades en Solidaridad con los Cinco con casa matriz en la Cujae
