
Yeleisis prepara café para lo periodistas que visitaron el lugar. Fotos: Mónica Vilariño
Luego de cuatro años sin un recinto oficial donde pudieran desarrollar sus habilidades y aun cuando durante ese período no estuvieron desatendidos, los miembros de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (Anci) del municipio habanero de Boyeros, ya cuentan con un inmueble que les aporta los recursos imprescindibles para su desenvolvimiento y desarrollo.
Ángela Galindo Pérez, presidenta de la Anci en esa demarcación de la capital cubana, explicó que son muchos los beneficios para quienes padecen esa discapacidad.
“Con la asignación de este local en el área de Santiago de las Vegas tuvimos la posibilidad de implantar un centro de rehabilitación de referencia provincial para los invidentes que necesitan reincorporarse a la sociedad. Los martes y jueves se les imparten clases de braille, utilización del bastón, existe un taller de manualidades y reciben asesoramiento de teatro y música.
“En este último caso los aficionados a la cultura presentan sus obras de teatro y deleitan al público con sus canciones el segundo sábado de cada mes en la sede del Museo Municipal, donde además cuentan con una peña que se denomina: Entre sueños.
“Aprovechando que este sitio era una casona de estilo colonial, quedaron habilitados un salón, una habitación, una cocina, un comedor, un baño con lavadora y patio, así se preparan para los quehaceres diarios en sus domicilios.
“Con el centro de rehabilitación se benefician, asimismo, los invidentes de los territorios del Cerro y Arroyo Naranjo, y contamos con el apoyo de organismos como Cultura, Deporte y Educación, quienes están al pendiente de los estudios y capacitación de los asociados”.

Infografía: Mónica Vilariño
Entre los invidentes de la demarcacaión, Yeleisis Urgelles González, una joven a la cual en el 2011 el destino le jugó una mala pasada. Tenía entonces 15 años cuando perdía repentinamente la visión. Tras ser atendida por especialistas de La Habana se dictaminó inflamación del nervio óptico.
¿Cómo te sentiste cuando supiste que no volverías a ver?
“Entré en shock. Hice un cuadro depresivo. Durante un tiempo no comía, dormía mal. Estaba muy triste, era duro de entender cuando abría los ojos y no veía nada”.
¿Qué sucedió después?
“Me llevaron al psicólogo. Él me aconsejó y comencé a pensar de otra manera, porque la fuerza de voluntad es muy importante”.
¿En qué momento se produjo el cambio de ese estado depresivo a esa joven alegre que eres ahora?
“Justamente con las sugerencias que me hacía el especialista un día desperté y pensé: debo seguir hacia delante, estar tirada en una cama lamentándome no es la vida que quiero para mí”.
¿Cuánto te ha aportado asociarte a la sede de la Anci en Boyeros?
“Mucho, aún quedan algunos detalles por corregir pero cuando uno desarrolla el resto de los sentidos como el tacto, el olfato y el sistema auditivo es más fácil y yo siento que he evolucionado en un ciento por ciento.
“Me enseñaron a desenvolverme sola en las cosas vinculadas a la vida diaria en el hogar, aprendí a usar el bastón, el sistema braille que es la comunicación mediante puntos, así puedo leer, escribir y eso me ayuda a superarme”.
¿Algún mensaje a los débiles visuales o invidentes?
“Sí, pero no solo a los débiles visuales o invidentes, sino a las personas que tengan alguna discapacidad. Que traten de superarse, que mantengan la mente positiva, que pongan de su parte para que no dependan de nadie porque si tienen fuerza de voluntad pueden valerse por sí mismos”.
Ahora con 21 años de edad, Yeleisis se prepara para insertarse a la vida laboral, ella está aspirando a un puesto en el Taller de Industrias Locales donde se elaboran files, envases para cumpleaños y sobres de pago; todo gracias a esta asociación y su empeño en retomar el sentido de vivir.

Confección de bolsas para el mercado en el taller de manualidades.
