
Fotos: Internet/Montaje: Yelemny Estopiñán
Rubén Batista Rubio, el primer mártir estudiantil de la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista, contaba al morir con solo 22 años de edad. Un joven con sueños que se ganaba la vida como trabajador, a la vez que cursaba la carrera de Arquitectura en la Universidad de La Habana.
Fue abatido en una manifestación revolucionaria el 15 de enero de 1953, como repudio a la profanación del busto del líder antiimperialista Julio Antonio Mella en la que participaron masivamente estudiantes y profesores de la casa de altos estudios.
Cuentan sus allegados que fue mortalmente herido de un balazo en el abdomen; ingresado en el hospital Calixto García, se libró una batalla por salvarle la vida, que duró 29 días; su existencia quedó truncada el 13 de febrero de ese año.
El testimonio publicado en el periódico Juventud Rebelde por Juan Nuiry, entonces joven revolucionario y estudiante universitario, dice que sin Rubén sería imposible olvidar aquella histórica manifestación, cuando, decididos e indignados, bajaron la escalinata; era, además, ese año el centenario del nacimiento del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí.
Batista Rubio nació en Cacocum, antigua provincia de Oriente, el 13 de marzo de 1931. Siendo alumno se destacó por su inteligencia y rápida asimilación de las asignaturas. Era amante del deporte, especialmente del beisbol y el ajedrez. A tales cualidades unía la rebeldía ante las injusticias, según el sitio EcuRed.
Su familia se trasladó hacia la provincia de Guantánamo en 1937. Luego de terminar sus estudios de bachillerato, van hacia la capital cubana y este matricula en la Facultad de Arquitectura.
Sus inquietudes revolucionarias se manifestaron en esa fecha con la participación activa en los actos estudiantiles en solidaridad con la lucha del pueblo puertorriqueño.
Su sepelio constituyó una manifestación de pueblo desde la Universidad de La Habana hasta el cementerio de Colón. Les seguían los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria, y más de 20 mil cubanos que marcharon en silencio hasta la necrópolis, donde fueron depositados sus restos.
Encabezaba el cortejo fúnebre una fila de mujeres vestidas de negro, del combativo Frente Cívico de Mujeres Martianas, quienes portaban una tela con el pensamiento del Héroe Nacional cubano que decía: “La sangre de los buenos no se derrama en vano”.
Así dejaba la vida el estudiante universitario Rubén Batista Rubio y se adentraba para siempre en la historia de la patria.

