¿Sabemos ahorrar?

Foto: Internet

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Desconozco si en Cuba existe un estudio acerca del ahorro, tema que de por sí resulta esencial para los planes de desarrollo económico y social del país; ojalá que sí.

Sin embargo, lo que a diario se observa en La Habana desdice mucho de una actitud en función de que éste se cumpla a cabalidad en lo doméstico y en lo empresarial.

Los cubanos, quienes sacaron muchas lecciones importantes del llamado Período Especial, parece ser que no aprendieron adecuadamente sobre la importancia de ahorrar, a pesar de que en ese entonces fue determinante para la supervivencia como nación.

El sitio web Cubadebate publicó en días recientes cifras ilustrativas acerca del desperdicio de agua en el país: “Cuba pierde al año aproximadamente cinco millones de dólares por el agua bombeada que se fuga a través de las redes intradomiciliarias, afirmó Obdulio Casanova, director comercial del Grupo Empresarial de Acueducto y Alcantarillado (GEAAL)”.

Ello significa que se escapan por la red doméstica alrededor de 300 millones de metros cúbicos, el 20 por ciento del agua potable suministrada. Es un asunto que llama a reflexionar sobre su impacto negativo, no solo en lo económico, sino también en lo referente al medio ambiente y a la salud humana.

De igual forma, una buena parte de los habitantes de la capital cubana observan como circulan vehículos estatales, a menudo vacíos, incluso los fines de semana y hasta en horarios no acordes con la función de sus entidades.

Los tractores adquiridos para las funciones de labrar la tierra se pasean por las carreteras rurales como una especie de transporte público y se explica como algo natural, pero hay mucho dinero empleado en la compra de los equipos y en el combustible.

Solo hago referencia a dos elementos que dañan enormemente la economía nacional: el agua y el petróleo, pues somos una nación bajo sequías continuas, mientras que la mayor cantidad del hidrocarburo que se consume, lo importamos. Y aunque no fuera sí, no hay excusas.

No creo que las entidades cuantifiquen cuánto papel, cartulina y tinta para cuños se gasta en modelos, recetas, impresiones y otras tantas acciones propias de su labor, igual resultado de un papeleo excesivo y burocrático que es necesario desterrar. De hacerlo, entenderían cuánto dinero injustificado se escapa por esa razón.

La mayor de las Antillas cuenta con leyes para que se apliquen medidas de uso más racional de los recursos, para la aplicación de políticas de recuperación y reutilización de materias primas, productos y equipos.

En ese grupo el reciclaje resulta fundamental y desde hace años es una actividad que se mantiene, incluso con la participación de ciudadanos que venden a las entidades especializadas, pero no se logran los volúmenes que todavía el país puede alcanzar. Creo en eso.

Por esa vía ¿cuánto no se podría alcanzar en materia de papel, cartón, cartulinas, botellas y algunos elementos minerales que serían reutilizados en las industrias? Un dato: la nación caribeña exporta chatarra y eso da muy buenos dividendos.

Además, en Cuba se desaprovechan los desechos que genera la ciudad, al no tener un sistema coherente para dar ese servicio con calidad integral.

Razones múltiples complejizan este asunto en La Habana: el costo de las inversiones requeridas y la falta de financiamiento, sin desestimar los efectos del bloqueo de Estados Unidos contra la Isla, entre otras.

Una vez dadas las condiciones imagino que se posibilitarán las condiciones para lograr la mayor eficiencia en esta actividad, ya que incluso en los países más ricos es fuente generadora de importantes divisas.

No obstante, tendríamos que peguntarnos si en las condiciones actuales lo estamos haciendo todo al respecto. Incluso, en las propias tiendas de comercio se puede observar cómo los individuos “resuelven” cajas y otros envases que se supone debieran tener un retorno a un uso industrial posterior.

Debe recordarse que desde los inicios de la Revolución el Comandante en Jefe Fidel Castro y el comandante Ernesto “Che” Guevara previeron la importancia que tiene el ahorro para el archipiélago cubano.

El tema está no solamente legislado, sino que igualmente ha formado parte de cada uno de los programas de desarrollo del país, de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución y en la Tarea Vida, para enfrentar el cambio climático, entre otras.

Como se sabe, Cuba ejecuta un gran programa para el uso de fuentes de energía renovable y otras alternativas energéticas.

Hay que acompañar a estas costosas inversiones que también en ese orden, garantizarían mayor y mejor calidad en los servicios y son más ecológicas y nobles.

¿Sabemos ahorrar? Sí y no. Hay que aprender a hacerlo de una mejor manera. Tampoco será algo que se resuelva de ahora para ahorita solo con decretos o leyes.

Hay que remover conciencias con campañas de educación ciudadana, trabajar con eficiencia y visión de lo que urge realizar y cómo posibilitarlo acorde a las realidades del país. Hay que administrar, preservar y controlar.

Si no se perfecciona la política de ahorro del país, millones de pesos estarán escapándose por esas tuberías del despilfarro, como las aguas que indolentemente se fugan de los hogares e instituciones.

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