
Vilma Espín junto a Raúl Castro y otros combatientes en la Sierra Maestra. Foto: Revista Mujeres
Cada 7 de abril el pueblo cubano recuerda con amor a Vilma Espín Guillois, quien naciera en esa fecha pero de 1930 en Santiago de Cuba. Su paso por la vida constituye una enseñanza para cualquier habitante de esta Isla.
Se destacó por su labor en la defensa de la mujer, la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y su papel protagónico en la Revolución cubana.
Su casa fue uno de los refugios de los asaltantes al cuartel Moncada, gesta heroica del pueblo de la nación caribeña ocurrida el 26 de julio de 1953, durante la persecución que se llevó a cabo al finalizar el enfrentamiento.
En la universidad de su ciudad natal participó activamente en las manifestaciones en contra del gobierno de Batista que estaba en el poder después de dar un golpe de estado en 1952 al presidente Carlos Prío Socarrás.
Inseparable colaboradora del joven revolucionario Frank País, fue miembro activo de las organizaciones que él fundó, por lo que formó parte de la Acción Nacional Revolucionaria y fungió como coordinadora provincial de esta en la provincia de Oriente.
Entre las principales acciones que protagonizó dentro de la lucha clandestina está el alzamiento en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, para desviar la atención de las fuerzas de la tiranía y favorecer el desembarco de los expedicionarios del yate Granma.
Tras el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 fue la encargada de reorganizar las diferentes organizaciones femeninas. De esa manera nació la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de la que fue su presidenta.
Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, condición que se mantuvo hasta su muerte, al ser ratificada en cada uno de sus congresos. En 1980 es designada miembro suplente del Buró Político, y en el siguiente fue miembro efectivo.
Igualmente, fue diputada de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su primera legislatura, y miembro del Consejo de Estado desde su constitución. Presidió varias comisiones del Parlamento cubano como la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez.
Recibió múltiples condecoraciones, títulos y órdenes nacionales e internacionales, entre las que se destaca el título honorífico de Heroína de la República de Cuba y el Premio Lenin de la Paz.
Espín encabezó la delegación cubana al I Congreso Latinoamericano sobre Mujeres y Niños que se realizó en Chile en 1959. También presidió las delegaciones cubanas a las conferencias de la mujer realizadas en México, Copenhague, Nairobi y Pekín.
El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, escribió sobre ella: “(…) Vilma no se inmutaba ante peligro alguno (…). Su voz dulce, firme y oportuna, siempre se escuchó con gran respeto en las reuniones del Partido, el Estado y las organizaciones de masas; los deberes revolucionarios y su inmenso trabajo nunca impidieron a Vilma cumplir sus responsabilidades como compañera leal y madre de numerosos hijos”.
Por su parte, Ricardo Alarcón de Quesada expresó sobre la destacada revolucionaria: “Fuente de amor y solidaridad sin límites, a todos nos deja un ejemplo insuperable de lealtad, firmeza, sacrificio y modestia: Déborah, Alicia, Mónica, Mariela, Vilma es el rostro de la mujer cubana, la hermosa síntesis de su larga lucha por la emancipación (…)”.
Vilma Espín se destacó, además, en su labor por el reconocimiento de la familia como base fundamental para el desarrollo de la sociedad.
Desde su fallecimiento el 18 de junio del 2007, sus restos descansan en el mausoleo del II Frente Oriental Frank País.
Fuentes consultadas: EcuRed, Prensa Latina y archivo de la autora
