Ya estamos de fin de año

Al concluir un año, generalmente las personas realizan un balance de lo alcanzado y la consecuente proyección para continuar avanzando. Foto: Internet.

Al concluir un año, generalmente las personas realizan un balance de lo alcanzado y la consecuente proyección para continuar avanzando. Foto: Internet.

Solo unos pocos días nos separan del límite que marca el final del año viejo y el nacimiento del nuevo.

Con ello, tanto en el ámbito personal y familiar como en el laboral y social, generalmente, las personas realizan un balance de lo alcanzado y la consecuente proyección para continuar avanzando.

Al decir de José Martí, “quien no avanza atrasa”. Bien merece tan interesante criterio detenerse por unos instantes, con el fin de valorar la vigencia de lo que expresa.

Si se interpreta en su sentido recto o más explícito, esto significa que mantenerse estático, sin dar un paso, denota estancamiento; por tanto, aunque en la superficie no lo aparente, el hecho de no avanzar evidencia quedarse detrás ante el lógico y dinámico movimiento de la vida que sigue.

A través de otras lecturas o mensajes no sería difícil percatarse de la alerta que expone el hombre de La Edad de Oro, al plantear tan categórico juicio.

Desde mi punto de vista, pretende señalar cómo cierta estabilidad extendida en el tiempo podría generar una actitud conformista que iría en contra del cambio aparejado al avance.

En la actualidad, psicólogos y otros especialistas, así como ciudadanos comunes utilizan con alguna frecuencia el término zona de confort, entendiendo por ella aquel espacio en el que se sienten cómodos.

Aunque no cubra todas sus expectativas, los individuos deciden no salir de allí para evitar tener que enfrentarse a nuevas situaciones, con los riesgos que ellas entrañarían.

Lo cierto es que, estar inconforme, exigirle a la vida y, en primer lugar, a nosotros mismos, así como escalar planos superiores, es en esencia una posición o actitud progresista y revolucionaria.

La eterna inconformidad ha catapultado al ser humano para saltar límites objetivos y subjetivos y alcanzar avances insospechados.

Durante mi adolescencia casi todas las muchachas elaboraban y conservaban, cual peculiar tesoro, una libreta de versos, frases y dedicatorias, la mayoría de los cuales desconocíamos sus autores e incluso buena parte de sus posibles significados.

No obstante, recuerdo una de las expresiones que estaba de moda por entonces, decía textualmente: “es mejor fracasar por intentar un triunfo que dejar de triunfar por temor al fracaso”.

Confieso que ahora, a la distancia de más de cuatro décadas y con el aval que me han aportado la mayoría de mis vivencias y las de otras personas cercanas, aun ofrezco mi voto favorable hacia esa especie de sentencia filosófica.

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